En la fiesta de graduación

¡Qué barbaridad! ¡La mirada de este hombre! ¡Me fascina!

—Las cosas que voy a hacer a contigo… —gruñe mientras se abalanza sobre mí en esta oscura bodega.

Afuera sigue la música de mi graduación como ingeniera, él fue mi profesor de cálculo integral y sus nalgas alimentaron mis más oscuras fantasías.

Inclina mi cabeza hacia atrás, me besa el cuello, con sus manos explora mi cuerpo, por lo que mis muslos aprietan mi entrepierna, anhelante y caliente. Su suave perfume llena mis sentidos, envolviéndome en una nube de lujuria.

Con suavidad me besa en la mejilla, y todo mi cuerpo se tensa. Me sostiene firmemente mientras nos besamos frenéticamente; su mano se estrecha alrededor de mi cabello, pasando los dedos por mi cabello. Siento que mi vestido de graduación me estorba, entonces lo dejo caer.

Mi mente ha dejado de distraerse y está concentrada en sus deliciosas caricias, mi boca está abierta y babea ligeramente. Mis pezones reaccionan a sus estupendos besos, nuestros cuerpos están pegados que ni una hoja cabría entre ellos. Mis dedos de ingeniera, largos y delgados, acogen su erección, acariciándola.

Se altera de repente, y de un tirón bajó mis bragas hasta mis pies, me golpeo contra la puerta perdiendo mi equilibrio. Me sostiene entre sus brazos y continúa con sus besos y caricias. Mi trémula piel palpita a su paso, mi respiración se acelera haciendo que mis pulmones se expanden con fuerza.

Hace tanto calor, punzadas de placer brotan directamente de mi entrepierna, anhelando más de él. Sus labios besan suavemente mi vientre. Me quejo en voz alta, jadeando.

—¿Cómo puedes hacerme esto a mí?

—Es tu regalo de graduación.

Entonces posa por fin su pulgar sobre mi clítoris, no pudo evitar gritar. Me está matando de placer.

Coloca sus labios ardientes sobre uno de mis pezones y lo muerde. ¡Me mordió! Pero en vez de sentir dolor, un espasmo de placer recorre mi cuerpo, quemándome el útero y convirtiendo mi vagina en gelatina temblorosa.

Y grite como nunca había gritado. Mi cuerpo se agita en espasmos sin control. Mi vagina se contrae con fuerza a la vez que desde los pezones, rayos de éxtasis recorren mis venas hasta quemarme el clítoris.

Mi noche de mi graduación apenas comienza.

Fama o interés personal

Aunque en realidad la vida tiene sus segmentos e ilusiones, yo partiría por nombrar historias antes que conclusiones sobre un personaje que se enamoró de mí por interés y que me contagió tan íntegramente, que entendí, que el interés personal también se puede practicar como relación.

Es una chica famosa que no le gusta tener muchas parejas, ella sale a la calle con una agenda extensa y cumple todo lo que puede mientras le alcance el tiempo, antes la consideraban una súper modelo sin serlo, paso por el teatro, el cine, las novelas y sobre todo la música.

Le encanta que le presten atención y hace con la música el arte que necesita. La querían tanto que la nombraron miles de cosas antes de darse vacaciones en el arte. Sus vacaciones comenzaron conmigo tenía tres parejas claras y las tres sabían que era así, ninguna se incomodaba por ello y es que de alguna manera también eran familiares que tenían un destino ancho.

Un día ella llegó diciendo que le tenía que ayudar con sus proyectos y que le cansaba el tema de trabajar. Necesitaba vacaciones sin viajes, estaba aburrida de viajar, me dijo que se enamoró de mi por el simple hecho de contar con alguien que le respalde ante los problemas que se ocasione por abandonar la fama que es peor que abandonar un cartel, porque nadie para de llamarte.

Le enseñé a evadir el problema y le llevé a un lugar donde nadie creería que es ella. Visitó mi casa en dos oportunidades en una semana. En la primera nos escondimos y nos fuimos directamente a la cama ella se puso muy nerviosa la tomé desde la cintura y nos entendimos pronto, luego la besé hasta que ella se puso tan coqueta que entendí que necesitaba mucha compañía y temple.

Nos dormimos, durante la madrugada la desvestí con tanta confianza que ella me contó que quería tener algo muy serio, pero que no implicaba estar siempre conmigo. La bese y acaricie muchísimo y nos sometimos al sexo tratando de entender quién gobernaría en la cama y discutiendo con el cuerpo quien tomaría el control si seríamos una familia.

Lo discutimos teniendo sexo duro, nos forzamos el sexo con garra y compromiso, mientras nos acariciábamos con dulzura y suavidad el cuerpo, ni ella ni yo entendíamos que hacíamos era todo un experimento, pero era muy excitante y poderoso el hecho de satisfacernos libremente en una situación tan extraña. No habíamos hablado mucho antes de esto muchas veces, ni tampoco pudimos ponernos de acuerdo, entre los dos nos entendíamos sin hablar.

Mas tarde lo volvemos a hacer, pero ya con mucha más calma ella me dejó gobernar la circunstancia. La acurruqué junto a mí y nos dormimos juntos pegados y desnudos sin poder expresar mucho la tomé y tomé tantas veces en solo dos actos que me conocía el íntegro de su cuerpo sin tener detalles visuales.

Mas tarde nos fuimos a comer y salimos de la ciudad, durante el día la gente nos llegó a reconocer y tuvimos que despedirnos, ese día hice muchísimo alarde mostrándole a ella que podía recordar con mis manos los detalles de su cuerpo, se sintió halagada pero también muy intimidada porque cuanto más nos entendíamos ella terminaba reconociendo que era un interés compartido sobre el gobierno del otro, se quiso desmayar más de una vez por el entusiasmo así que no estábamos listos para el siguiente paso.

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MI HERMANO TIENE EYACULACION PRECOZ!

El tremendo esfuerzo de una abnegada hermana por ayudar a su hermanito a superar un problema que lo tiene muy preocupado.

Mamá había salido a trabajar, y yo estaba de vacaciones en la Universidad. Mi nombre es Erika, tengo 21 años, estudio cuarto año de medicina en una universidad en Quito, y para serles franca, mis amigos dicen que estoy buenísima. Me encanta mi cuerpo y estoy orgullosa de mis caderas, de mi trasero, pero sobretodo de mis pechos. Mis tetas son de infarto, no se cómo llegaron, pero cada día agradezco a Dios por habérmelas dado. Soy estudiosa y amiguera, y por ahora no tengo ningún enamorado, quiero primero terminar mis estudios.

El asunto es que me había puesto a limpiar la casa, en donde vivía junto a mi mamá, que trabaja todo el día, y mi hermano, Sebastián de 18 años, quien el día de hoy era un muchacho lindo, alto, fuerte, atlético, siempre alegre y optimista. Hacía un año había ingresado a la universidad para estudiar sicología. Sin embargo, últimamente lo veía triste y preocupado.

Regresando a la historia, estaba en mis labores de limpieza de la casa, y cuando ingresé a limpiar la habitación de Sebas, vi que no había apagado su computadora, estaba prendida, y el tema que tenía en la pantalla era algo que me dejó perpleja: cómo combatir la eyaculación precoz? Por un momento pensé que era un tema de la Universidad, pero después de un momento me pregunté si no sería un problema que tenía Sebas. Ingresé a su Messenger y vi entre sus conversaciones, que le pedía disculpas a su enamorada, de nombre Mía, por no poderse controlar y venirse tán rápido. Le pedía perdón y le pedía otra oportunidad. Parecía que las cosas no iban muy bien. Primero me sorprendió que mi hermanito ya estuviera en estos asuntos de sexo, pero más me preocupó que no fuera feliz, siendo el sexo una de las satisfacciones más grandes que puede tener una persona.

Salí de su habitación y cuando terminé de limpiar, fui a mi habitación prendí mi computadora e ingresé a Internet, y me dediqué a buscar artículos referentes a la eyaculación precoz, y encontré varios estudios que hablaban de la técnica de Kegel, y que consistía en la contracción de los músculos pélvicos para controlar la eyaculación precoz.

Encontré que los músculos pélvicos son aquellos que se encuentran entre los testículos y el ano, y había que contraerlos lo más que se pueda para poder controlar la eyaculación. Recomendaban hacer ejercicios contrayendo y relajando estos músculos por 5 segundos, unas 30 veces por día.

También recomendaban hacer un masaje dentro del ano, sin llegar a tocar la próstata.

Igualmente señalaban que era importante mantener una cierta frecuencia en las relaciones sexuales. La falta de sexo puede derivar en una pérdida temporal del control de la eyaculación; pudiéndose agravar con el tiempo y la falta de dedicación.

Recomendaban tener al menos 3 relaciones sexuales por semana, no masturbaciones, porque correrse la paja no incrementaba el uso del músculo pélvico que era el que controla la eyaculación.

Me propuse ayudar a mi hermano, y que pudiera superar este problema sea como sea, aunque me tuviera que sacrificar por el. La verdad, era que el tema me estaba poniendo calientona, y el sólo hecho de pensar en ayudarlo a tener la verga parada más y más tiempo, me ponía a mil por hora.

Como sabía que mi mamá no llegaría hasta la noche, y Sebas llegaría a almorzar y después a jugar con el Play, decidí bañarme y ponerme lo más linda y seductora posible, para hablar sobre el tema, darle confianza y también para provocarlo y hacerle ver que su hermanita lo podía ayudar en toooodo.

Mirándome al espejo, me puse linda, con una tanguita tipo hilo dental que separaba mis pompis, una minifalda que se levantaba a la primera brisa y un polito que dejaba ver mi ombligo. No me puse brassiere, para que pudiera ver mis pechos.

Cuando Sebas llegó me dijo. «hermanita, qué linda estás» y noté que no dejaba de ver mis pezones duros y mis piernas también duras y redonditas. Le dije siéntate hermanito, hoy quiero celebrar, y sin decirle el motivo, le ofrecí un Cuba Libre que había preparado, y que él se lo tomó de inmediato. Esto lo relajó, preparé un segundo Cuba Libre, y después de conversar un momento cosas sin importancia, le pregunté cómo iban las cosas con Mía. Se puso un poco triste, me dijo que las cosas no iban muy bien, pero no me quiso contar la razón. Después de mucho preguntarle yo, por fin me dijo que se estaba sintiendo mal, porque no podía hacer gozar a Mía como él quería, que apenas tenía su pene dentro de ella, se venía, que no podía aguantar y que por más que trataba, eyaculaba de inmediato. Mía al principio le decía que no se preocupara, que eso estaba bien, pero él se daba cuenta que ella se empezaba a aburrir, y en una oportunidad Mía le dijo que era un desconsiderado, un egoísta, y que no podía creer que no pudiera esperarla.

Sebastián estaba desconsolado porque realmente quería a Mía, y porque quería que ella se sintiera feliz y plena sexualmente.

Yo le dije: hermanito, entonces yo tengo la solución, estudio medicina y quiero ayudarte, pero tienes que confiar en mi.

Me miró de pies a cabeza, y con una sonrisa me dijo, hermanita, me pongo en tus manos.

Aunque no teníamos tanta confianza y no nos veíamos desnudos, salvo por casualidad, lo llevé al baño de mi madre que tiene un jacuzzi, puse agua tibia, le quité toda la ropa, lo sumergí en el agua y le dije que descanse y se relaje. Aproveché para poner música muy suave, incienso con olor a sándalo para llenar de olor sensual el ambiente, y después me acerqué a el.

Con una esponja y jabón empecé a frotar sus hombros suavemente, al ritmo de la música, haciendo círculos suaves sobre sus anchas espaldas. Esto le fue gustando y por sus ojos noté que se iba relajando y soltando. Aproveché para quitarme lentamente la faldita y el polo y quedarme sólo con la tanguita que como dije separaba armoniosamente mis nalgas. Seguí frotando su espalda, pero poco a poco fui bajando hasta tocar sus nalguitas duras y redondas, y de allí seguí y seguí hasta llegar a su ano, a su huequito trasero. Primero le sorprendió, y antes que dijera algo le dije, hermanito, confía en mi, déjate llevar. Accedió. Yo seguí frotándole el ano, y poco a poco metiendo uno de mis dedos. Sebas cerró los ojos y vi que le pene se le puso duro como una roca. Tremenda pieza que se manejaba mi hermanito!, grande, dura, gorda, provocaba agarrarla allí mismo. Sin embargo seguí y seguí haciéndole este masaje anal, y él seguía y seguía gozando. Quiso llevarse la mano al pene para masturbarse y le dije: no hermanito, no hagas nada, déjate llevar. (esto no convenía porque lo que buscaba era mantener la erección el mayor tiempo posible, y ejercitar sus músculos pélvicos).

Después de más de 20 minutos de ver parada la verga de mi hermano, lo saqué del jacuzzi y lo sequé (seguía con el miembro parado). Lo llevé a mi dormitorio allí lo eché a mi cama y por primera vez empecé a besarlo suavemente en la boca. El se dejó hacer. Correspondió a mis besos mientras acariciaba mis tetas y mis nalgas, yo miraba que seguía erecto y poco a poco fui bajando para introducir su miembro caliente en mi boca. Empecé a lamerlo y lamerlo cual bola de helado hasta que sentí que estaba por venirse, en ese momento le toque los músculos pélvicos que como dije se encuentran entre los huevos y el ano, y le dije, hermanito contrae esta parte, fuerte fuerte, aguanta. Lo hizo, y efectivamente no se vino, no salió el chorro de esperma que el ya tenía listo para disparar. Le dije: viste?, el tema está acá, entre tus huevitos y tu culito, cada vez que sientas que te vas a venir, presiona este músculo, contráelo y se va a detener la eyaculación, no el deseo, porque vas a seguir con tu miembro bien paradito haciendo gozar a tu pareja.

El me miró y sólo me dijo: sube hermanita y practiquemos. Yo ni corta ni perezosa, me quité la tanguita que a duras penas podía contener toda la humedad que tenía en mi cuquita, y me subí sobre el pedazo de carne de mi hermano y prácticamente me entornillé en el. Estaba caliente y muriendo de deseos de sentirme atravesada por el. Empecé un movimiento cadencioso de abajo hacia arriba, mientras él tomaba mis tetas y las estrujaba como buscando exprimirlas, y cuando sentía que estaba por venirse le susurraba al oído: hermanito contrae tu culito. El sonreía y yo sentía como contraía el músculo con el pene erecto como una torre y no se venía. Repetimos varias veces esta operación y el aguantaba la eyaculación. La que se vino varias veces fui yó, que sentía no poder aguantar más el placer que me producía esta situación. Cambiamos de posición a perrito, donde el veía mi culo grande y redondo y allí sí sentí que Sebas no iba a aguantar, le dije en tono serio, concéntrate y sigue tirándome carajo!!. El entendió, contrajo su culito otra vez y siguió adelante. Fue increíble, estuvimos más de 10 minutos en esa posición, y yo tuve mi tercer orgasmo!!

Finalmente cambiamos de posición otra vez, esta vez frente a frente, con mis piernas sobre su hombro, y mientras me besaba apasionadamente sentía cómo me atravesaba con su tremendo pene, y cada vez que estaba por eyacular, contraía el músculo y continuaba, siguió así, incansable, hasta que me vine por cuarta vez. Eso era mi record mundial para una sesión, y seguramente era largamente el record de Sebas en cuanto a tiempo tirando. Al final le supliqué que se venga conmigo, a lo que él, siempre obediente empezó a empujarme con más fuerza, salvajemente, hasta que esta vez no contrajo su culito y se vino en una sola explosión, que me hizo sentir cómo todo su semen caliente, quemante entraba a mis entrañas. Que rico papi!!! Fue lo único que le pude decir. Yo estaba exhausta pero feliz, era la primera vez que lo hacía con mi hermanito, y me sentía plena, pero sobretodo, sentía que lo había ayudado a superar un problema.

Le dije que había estado delicioso, que era el mejor sexo que había tenido en mi vida, y que esperaba que esto le sirviera para su relación con Mía.

El también estaba feliz, me besaba, me acariciaba, me agradecía, me dijo que nunca había durado tanto tiempo, que vá! ni un minuto! Ahora había estado más de una hora tirando y tirando sin venirse.

Nos bañamos, no teníamos hambre, así es que nos recostamos otra vez, y mi hermanito ya estaba otra vez con el pene parado, era él quien ahora tomaba la iniciativa, y me dijo, hermanita, tenemos que seguir practicando, pero esta vez fue él quien empezó a acariciar mi culito y a dar vueltas con un dedo dentro de mi ano, luego dos dedos, luego tres, y finalmente, con bastante saliva, metió su verga dentro de mi culito. Francamente no me dolió nada, estaba todavía bastante relajada del polvazo anterior, así es que sentí mucho placer cuando empezó a moverse dentro de mí. Ya controlaba mejor sus músculos pélvicos y a mí me daba mucho placer. Mientras me enculaba, le enseñé a mi hermanito dónde quedaba mi clítoris y cuáles eran los puntos de mi cuerpo donde el al tocarme me hacían sentir electricidad y deseo de ser atravesada. El era un alumno aplicado y pude tener un quinto orgasmo en ese día, algo que no me había propuesto, al venirme junto con el después de más de 20 minutos de mete y saca de su pieza en mi culo.

Le dije mientras nos bañábamos juntos nuevamente: Sebas, por favor este es nuestro secreto, yo he gozado mucho enseñándote estas cosas para que las pongas en práctica con Mía, y no tengas este problema de eyaculación. Pero por favor no se lo comentes a nadie, y gózame cada vez que quieras.

Así sucedió, Sebas le dio a Mía una tremenda lección de sexo, hasta ahora la tiene loca, lo han hecho en todas las posiciones y formas y en todos los lugares. Inclusive lo ha hecho en su habitación con Mía, y como premio por mis esfuerzos, me ha dejado que los vea tirar juntos sin que ella sepa, lo cual a mí me calentaba mucho y hacía que me masturbe como una loca desenfrenada.

Seguimos tirando como adictos al sexo cada vez que podemos, Sebastián se ha convertido en mi amante, y practicamos posiciones nuevas y cuando tenemos alguna duda respecto al sexo, buscamos la solución juntos. Esto me ha dado tranquilidad y relajo. Tengo actualmente un enamorado, con quien ya tiro, y me gusta, pero no se compara en nada con mi amante y hermano, Sebastián!

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Profesor de Historia Parte 1

Mi nombre es Leopoldo, tengo 45 años, vivo en Buenos Aires, y soy profesor de historia en el colegio secundario. Mi relato comienza cuando tenía 17 años y me puse de novio con una hermosa niña que tenìa mi misma edad, no solo eso: cumpliamos el mismo día. Estaba en el último año de la preparatoria antes de entrar en la Universidad, y como buenos novios primero nos acostumbramos a besarnos, a tocarnos y un poco más tarde, exactamente para nuestro cumple de 18 años (el mismo día) nos fuimos a un hotel y nos desvirgamos mutuamente. Para mí era la primera vez que penetraba a una mujer y para ella era el día en que le rompí el himen y manchamos con sangre la sábana.

La disfrutamos durante horas. Nos quedamos un doble turno y luego nos bañamos y mientras le enjabonaba las tetas le metì de vuelta mi verga en su conchita y la llene de leche que mezclada con el agua de la ducha pensamos que no iba a pasar nada. Bueno, ese día no pasó nada. Dejamos pasar dos semanas hasta que le vino la menstruación y seguimos cogiendo muy enamorados, pero cuidandonos. A los 20 años nos casamos y teníamos un pequeño departamento.

En ese departamento nos masturbabamos, cogíamos y hacíamos toda clase de travesuras antes de casarnos.
Yo le chupaba la concha y su clítoris y ella se tragaba mi leche calentita. A los 23 años terminé la Universidad y ella siguió estudiando. Yo me conseguí tres trabajos en tres escuelas: una estatal y dos privadas. Ella quedó en el ínterín embarazada y ya en el sexto mes, cuando estabamos harto contentos ocurrió la mayor desgracia de mi vida.


Ella estaba cruzando una avenida, cuando una motocicleta la atropeyo y murió al rato. Yo no podía ya ni llorar, dado que también había perdido a la bebe que llevaba dentro. Mis lágrimas se agotaron. En ese entonces yo tenía 25 años y por más de una década no me acerqué a una mujer.
Seguía dando clases, cuando una alumna de la escuela estatal me pidió si le podía dar clases extras porque había temas que no entendía. Le dije que venga después de las 18 horas a mi departamento y le iba a dar una hora de clase. Cuando llegó estaba toda vestida como para ir a bailar: pollerita corta, una blusa transparente, se le veía la tanguita y que no usaba corpiño. Y me encaró y me dijo: No tengo para pagarle la clase, así que el pago voy a ser yo. La miré a la mocosa que debía tener 15 años y le pregunté directamente: «¿sos virgen?» y me respondió «Por supuesto».

Entonces le contesté, la clase de hoy es gratuita. No se cobra. Lo único que me faltaba era tener que desvirgar a una pendejita. Se fue un poco triste a la casa después de haber estudiado el papel de la mujer en la Edad Media. Al día siguiente, cuando salí de la escuela, me esperó una señora de más o menos mi edad y me preguntó: «¿usted es Leopoldo?, el profesor de historia». Dije que sí y me dijo: vengo a pagarle la clase de ayer de mi hija. Me negué rotundamente y enfilé hacia mi casa mientras la señora me seguía. Cuando estaba entrando en mi hogar me siguió y no me dejó cerrar la puerta y se metió dentro. Pero por favor me pidió. Nosotros no tenemos dinero, pero le puedo asegurar que mi concha lo vale. Sabemos que Ud. es viudo pero no se va a negar a una mujer que también necesita una buena verga, dado que mi marida me abandonó hace dos meses.


No había pasado una hora en que suena el teléfono y me dice una mujer que la hermana le dijo que yo le podía dar clases. Quedamos para el día sábado (en que ella no trabajaba) por la mañana, porque por la tarde tenía clases. Y llegó el día: Tenía que estudiar sobre filosofía y eran las 8 de la mañana, estaba tomando un café cuando me tocan el timbre. Era la hermana de mi alumna, se llamaba Lucía. Una chica de 21 años. Le pregunté què necesitaba estudiar y me dijo que la anatomía del pensamiento lésbico. Le dije que no sabía de que se trataba y me replicó que ella tampoco porque había inventado el tema en ese momento, pero que le hiciera un favor, si le servía un buen café. No entendí bien la cosa, pero le hice un café muy caliente, estaba tan caliente que se le quemó la lengua y me dijo: «Me das un besito para aliviarme». Cuando me acerqué a ella la abracé, le dí un besito y de repente ella me bajó el cierre del pantalón y me empezó a restregar mi pene. Yo metí mi mano en su espalda, le solté el corpiño, le subí la remera y le empecé a lamer los pezones. Mientras le lamía los dos pezones, puse mi dedo índice en su culo (bastante abierto) y después le masajeé la vagina. Ella me bajó los pantalones, se bajó los suyos y se quedó totalmente desnuda, lista para coger. Abrió las piernas y me pidió que la penetrase. Era muy fácil, me parece que la tenía más usada que María, la madre de mi alumna; mi pene bailaba dentro de esa rajita y antes de descargar mi semen, la di vuelta y se la metí en el culo. Allí paseé como si estuviese adentro de un vagón de subte por la amplitud que tenía. Le llené el culo de semen y volví a la conchita para besarla y coger un rato más.

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Página de inicioPágina de inicio19 octubre, 2020Luis García
Felación en mi habitaciónFelación en mi habitación16 junio, 2024Luis García

Un novio me rompió el culo

Hace más de dos años conocí a Derek: un chico alto, fornido, de cabello largo y ondulado quien además de parecer un puto artista de cine, tiene los ojos verdes más hermosos que he visto en toda mi existencia. Nos conocimos en un grupo de Facebook relacionado con Harry Potter gracias a que una amiga mía publicó dos boletos para ir al cine a ver la más reciente producción cinematográfica, Derek colocó un comentario invitándole las palomitas y la amiga metiche (yo) terminó con la solicitud de amistad del tipo guapo de Monterrey, Nuevo León.

Para quienes no sepan: Saltillo Coahuila, mi ciudad, está a una o dos horas en carro de Monterrey por lo que no es raro que haya parejas entre ambas ciudades. Derek y yo comenzamos como exraños por un gusto por la magia en común. En aquel tiempo yo tenía 22 años de edad, un novio llamado Kevin David y mi negocio estable pero el Fénix de ojos verdes (como suelo llamarlo aún) entró a mi vida cuando menos lo esperaba, se encargó de que fracasara mi relación con el tipo anterior gracias a su buena labia y que en realidad parecía el príncipe azul que todas soñamos.

Quizá en otro momento les describa el primer encuentro entre nosotros ya que, aunque ambos tenemos experiencia de sobra, temblábamos como colegiales pubertos en aquel cuarto del hotel cercano a la central de autobuses… Qué nostalgia. Pero hoy me adelantaré un poco en el orden cronológico de ese drama sexual:

En enero de 2017 Derek vino por primera vez en su vida a mi ciudad. Yo rentaba un departamento en el pleno centro de la ciudad: calle Obregón frente a una iglesia llamada San José; el primer día del año lo recibí con los brazos abiertos, cinco días atrás me había propuesto matrimonio y sería una oportunidad perfecta para definir si nos casaríamos en mi natal ranchito o en su enorme ciudad de Monterrey, Nuevo León. Aquella tarde comimos en la calle Victoria y tras llegar a casa y arreglar algunos de mis negocios subimos a mi pieza para mi parte favorita: hacer el amor.

Carlos Alberto Derek era un hombre que sabe tratar muy bien a una mujer. Me besaba exactamente en cada punto débil de mi cuerpo, como mis pezones, mi cuello y toda la espalda, solía masajear mis nalgas y apretarlas hasta hacerme dar un brinquito de dolor para satisfacer ambos deseos y jalaba suavemente mi cabello a manera de sazón de un buen orgasmo. Esa tarde todo fue diferente.

Con sus grandes y peludas manos comenzó a introducir sus dedos a mi vagina; del grosor de su anatomía sólo me cabían dos, además de que siempre he sido muy estrechita; jamás me he callado un gemido así que comencé a gritar como una nena virgen y eso le volvía loco. De a poco noté como mis jugos vaginales corrían por su blanca piel, cerré los ojos un segundo pero sentí algo completamente diferente: su meñique en mi ano. Dí un pequeño brinco de sorpresa porque antes de Derek yo cuidaba demasiado mi virginidad anal pero sabía que con su experiencia, sería difícil pasar por alto una acto así; me daba miedo dado a que ya lo había intentado con otros hombres pero siempre terminaba llorando.

– Derek ahí no – Pedí aún gimiendo de placer mientras él no paraba de masturbarme ya por ambos agujeros – Me va a doler – Alcancé a decir en un hilo de voz pero eso lo excitaba más, me veía casi babeando.

– Sabes que esto es inevitable si estás conmigo – Sentenció riendo pícaramente. Su sonrisa era angelical: dientes casi perfectos, labios carnosos y barba a medio crecer pero bien formadita, no dos o tres pelos nada más. Le miré a los ojos al voltearme para evitar a toda costa perder la última virginidad que me quedaba y sus ojos pasaron de un hermoso verde a un gris extraño. Si soy honesta había leído del tema pero jamás creí que una persona pueda cambiar algún tipo de apariencia física así, sentí un vuelco al corazón y mucho miedo pero él no dejaba de sonreír y yo ya lo amaba demasiado. Se paró de la cama un segundo a buscar algo en mi tocador, hasta que lo encontró. – Con esto te va a doler menos – Dijo mostrando un bote de mi crema corporal.

– Pero…

No tuve tiempo de completar la frase, el muy inteligente me volvió a poner boca abajo en el colchón de una manera sublime: adoro los juegos de dominación y aunque sabía que dolería mucho, era más la excitación al ver su hermoso y enorme pito rosado casi estallando de placer.

– Quédate tranquila – Pidió y echó un enorme chorro de crema sobre mis nalgas que fue masajeando poco a poco hasta llegar nuevamente a mi ano virgen. Con el dedo meñique volvió a dilatarlo y al notar que no oponía demasiada resistencia intentó con su pene; sentí la punta rosada de esa herramienta gorda y de buen tamaño de longitud y de inmediato chillé dolorosamente

– Basta, tengo miedo

– CÁLLATE – Gritó suavemente, concentrado para introducir su pene más al fondo. Intenté moverme pero yo peso 70 kg y Derek estaba por los 110 y casi todo era músculo, sus piernas están tan bien trabajadas que podía inmovilizarme con ellas prácticamente.

Mordí la almohada como ví alguna vez en las pelis porno y logré captar con dolor cada centímetro que iba entrando Derek en el lugar más sucio de mi cuerpo y que siempre protegí tanto. Unas lágrimas se me salieron, volví a suplicarle que parara pero él reía y acariciaba mi cabello para jalarlo después de metérmela de un solo golpe y comenzar a bombear.

– ¡Basta por favor! – Supliqué al tiempo que me vió llorar, algo que él no soporta en las mujeres y entonces paró pero no sin antes follarme la boca a su manera y hacer que me tragara su leche. De eso no me puedo quejar, me encanta, aunque no podía estar sentada.

Se echó a un lado mío en esa cama matrimonial, encendió un cigarrillo y acariciaba mis nalgas rojas aún con el ano dilatado y palpitante. No me atreví a acostarme de manera normal dado al dolor que no se me quitaba, él se durmió y pensé que quizá solo era una fantasía de las suyas: desvirgarme de cualquier manera posible. Observé su cara angelical, sus pestañas cubriendo esos ojos tesoro y suspiré amándolo.

No sabía que Derek sería, sin duda alguna, mi verdugo. Ya les contaré más relatos que ahora me excitan mucho pero incluso una vez me dejó con un ojo morado e inmovilizada por dos días de la noche tan loca que tuvimos en Puerto Vallarta…

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Con el papá de mi mejor amiga

Se supone que una mejor amiga es esa persona a la que le puedes contar hasta tus más íntimos secretos, aunque a veces hay cosas que es mejor que permanezcan ocultas. Erica y yo éramos inseparables desde los tres años. Fuimos juntas al colegio, a la universidad e incluso alquilamos un piso para estar separadas el menor tiempo posible.

Teníamos ya veinticinco años y seguíamos igual de unidas o más. Pero la desgracia se cebó con la pobre Erica. Su madre murió de forma repentina, dejando a mi amiga devastada. Para apoyarse en su padre y servirle también a él de consuelo, se mudó de forma temporal a la que había sido su casa de siempre.

La muerte de la madre de mi amiga también me afectó mucho a mí. Desde pequeña, pasaba mucho tiempo en casa de Erica y sus padres eran como unos segundos padres para mí. Ellos eran amables, educados y amorosos, todo lo que no encontraba en mi familia. En mi casa el panorama era muy diferente. Mi padre era un hombre grosero y vago al que era casi imposible no encontrarse en el sofá con una cerveza.

Era inevitable comparar a mi propio padre con Arturo, que era el de Erica. Siempre sentí fascinación por ese hombre tan alto, guapo y deportista. Era tan culto, que cuando me hablaba sentía vergüenza porque creía que haría el ridículo. Esa admiración que sentía por él, cuando llegué a la adolescencia se fue convirtiendo en algo más. Me imaginaba entre sus brazos, besando sus labios. Con los años, mi imaginación cada vez iba a más.

Ese era el secreto que jamás le había podido contar a Erica. A veces tenía la tentación de sincerarme, aunque fuese para liberarme de la carga de conciencia, pero, tras el trágico suceso, lo descarté por completo. Aunque sabía lo que suponía, mi obligación era apoyar a mi amiga en esos momentos tan duros.

Metí en una bolsa de viaje algo de ropa y me fui a pasar unos días con Erica y su padre. Necesitaban ayuda y alguien que les distrajera un poco, y para eso yo era la idónea. Me encontré un panorama bastante desolador, pero, poco a poco, fueron recuperando el ánimo. Mi amiga y yo dormíamos juntas en su cama, como tantas veces habíamos hecho de niñas. Casi no cabíamos, pero fue bonito recordar nuestra infancia, todas las ilusiones que teníamos y comprobar que habíamos conseguido cumplir la mayoría.

Estábamos hasta muy tarde recordando anécdotas nuestras y de la madre de Erica. Las dos nos acabábamos durmiendo con lágrimas en los ojos, sin llegar a comprender cómo la vida podía ser tan bonita y a la vez tan despiadada. Mi amiga se había pedido unos días libres en el trabajo, pero yo me tenía que levantar a primera hora para llegar a la oficina. Por las mañanas, al ir a preparar el desayuno, me encontraba en la cocina con Arturo, que ya se había reincorporado al trabajo.

– ¡Buenos días, Dafne!

– ¡Buenos días, Arturo! ¿Has dormido bien?

– Si te digo que sí, te estaría mintiendo.

– Ya me lo imagino. A Erica también le cuesta coger el sueño.

– Pero lo consigue, gracias a que estás tú aquí.

– Era lo mínimo que podía hacer por ella.

– Y por mí, que también me da mucha alegría tenerte en casa.

– Claro, por ti también. Eres… bueno, sabes que te tengo un gran… aprecio.

– Y yo a ti. Ha sido un honor ver como pasabas de niña tímida a la mujer increíble que eres ahora.

– Qué cosas me dices, Arturo. Sigo siendo la misma niña, pero más crecidita.

– Eso es evidente. Pero sigues usando pijamas de unicornios.

– Es que cuando algo me gusta, es para siempre.

– A mí me sucede igual. No paro hasta que lo consigo, por arriesgado que parezca.

Después de hablar con Arturo, me iba a trabajar mucho más animada e incluso acalorada. La visión de ese hombre de buena mañana, en pijama, me hacía desear quedarme a vivir allí para siempre, él y yo solos, y empezar las mañanas de mucho mejor forma. No podía evitar pensar que se había quedado viudo, que ya no era imposible que pudiera suceder algo entre nosotros. Después me atormentaba a mí misma por haber tenido esos pensamientos que harían que Erica no volviera a mirarme a la cara.

Los días iban pasando y Erica seguía sin estar preparada para volver a nuestra casa, no quería dejar a su padre solo. Pero era un piso que nos estaba costando dinero y yo tendría que volver en algún momento. Antes de que muriera su madre, habíamos hablado de pintar las paredes del salón y las habitaciones, así que acordamos que yo me encargaría de eso y, cuando todo estuviera listo, ella volvería. No tenía ni idea de cómo me las iba a apañar, hasta que conseguí al mejor pintor posible.

– ¡Buenos días, Dafne! He oído que es tu último día aquí.

– Así es. Me quedaría eternamente, pero me tengo que encargar de pintar el piso.

– No me digas que también tienes esa habilidad.

– Que yo sepa no. Pero no pienso pagar a un pintor.

– ¿Te interesa uno gratis?

– Claro, pero no creo que eso exista.

– ¿Cómo que no? Lo tienes delante.

– ¿También sabes pintar?

– Hay muchas cosas que sé hacer y las desconoces… todavía.

– Pues te lo agradecería un montón.

– ¿Te parece bien si lo hacemos este fin de semana?

– ¿Pintar? Sí sí, me parece genial.

Imaginarme a Arturo pintando me puso a mil. Me moría de ganas por verlo utilizar la brocha y descubrir cuales eran esas habilidades que decía tener pero que yo desconocía. En cualquier conversación entre un hombre y una mujer, lo sencillo hubiera sido pensar que me estaba haciendo insinuaciones, pero el padre de Erica no era así. O al menos era eso lo que yo pensaba.

Por la tarde, al volver del trabajo, recogí mis cosas con la intención de volver a mi piso. Dentro de la tragedia, habían sido unos dias muy buenos rememorando esa etapa tan bonita que fue nuestra niñez. Pero también tenía ganas de volver a casa y poder dormir yo sola, en mi cama. No podía negar que el trabajo que tenía pendiente con Arturo había supuesto una motivación extra.

– Tía, te voy a echar de menos.

– Pero por poco tiempo. En unos días habremos acabado y volverás a casa.

– ¿Cuánto se tarda en pintar?

– Ni idea, dependerá de lo bien que se le dé a tu padre.

– Yo no lo he visto pintando en mi vida.

– Pues me dijo que era una de sus habilidades.

– Si él lo dice…

– Podrías pasarte y ayudarnos.

– No creo que pueda. Voy a hacer copias de todas las fotos de mi madre, para tenerlas siempre conmigo.

– Está bien. Haz lo que tengas que hacer. Te estaré esperando en nuestra casa.

– Gracias, Dafne, eres la mejor amiga del mundo.

El sábado me desperté temprano y cubrí con plástico el suelo del salón, que era por donde pretendía comenzar. No sabía si era el procedimiento adecuado, pero lo había visto en la tele. Cuando Arturo llegó, nos pusimos manos a la obra. Curiosamente, ambos habíamos elegido el mismo atuendo: una camiseta blanca y unos pantalones grises de chándal.

Estaba acostumbrada a verlo siempre vestido de una forma muy elegante o en pijama. Pero ese aspecto le daba un aire que todavía me encendía más. Tenía cincuenta y tres años, uno más que mi padre, pero parecían de especies distintas. Pasé toda la mañana más pendiente de mirar cómo trabajaba él que de hacerlo yo.

– El salón ya está. Hasta mañana no podremos darle otra capa de pintura.

– ¿Y ahora qué hacemos?

– Vamos a tu habitación.

– ¿Cómo?

– A darle una capa de pintura, para que esté seca cuando te vayas a dormir.

– Pero no he cubierto los muebles ni el suelo.

– No te preocupes, lo hacemos en un momento.

Mover los muebles y cubrirlos de plástico resultó ser una tarea más ardua que pintar. Los dos acabamos sudando y nos tuvimos que sentar sobre mi cama plastificada para recuperarnos del esfuerzo. Después retomamos la tarea de pintar. Para entonces, ambos estábamos bastante manchados de pintura.

– Nos vamos a tener que dar una buena ducha.

– ¿Qué?

– Para quitarnos la pintura. Oye, te veo muy despistada.

– Sí, no sé en qué estaba pensando.

– ¿Te parece bien si paramos por hoy? Mañana aplicamos las segundas capas.

– ¿Y la habitación de Erica?

– Podemos dejarla para el final, es la que menos prisa corre.

– Quieres tenerla más tiempo en casa, ¿verdad?

– Pues sí… y también me gustaría tenerte a ti.

– Soy como tu segunda hija.

– Dafne, siempre has sido mucho más que eso.

– ¿Qué quieres decir?

– Olvídalo, nos vemos mañana.

Esperando a que se arrepintiera y quisiese seguir con la conversación, fui detrás de él cuando salió de mi cuarto. Pude ver cómo se quitaba la ropa para ponerse unas prendas limpias que llevaba en su bolsa. Sus palabras y la visión de su cuerpo semidesnudo, hicieron que mi imaginación se atreviera a volar más que nunca. Deseé saltar sobre él y poseerlo ahí mismo, en el suelo cubierto de plástico de la casa que compartía con su hija.

No fui capaz de intentar retenerlo, pero en cuanto se fue, me metí corriendo en la ducha, con más intención de darme placer con la alcachofa que de quitarme las manchas de pintura que cubrían mis brazos y mi cara. Recordé sus últimas palabras, su vientre plano, su torso amplio cubierto por una mata de pelo todavía oscura, sus brazos fuertes y su abultado paquete bajo los calzoncillos. Con el chorro de la ducha apuntando hacia mi clítoris, tuve un orgasmo que hizo que me temblaran las piernas.

Llegados a ese punto, ya no era momento para dilemas éticos. Si Arturo quería y estaba dispuesto a mantener el secreto, yo estaba más que decidida a cumplir un deseo que tenía desde la adolescencia. Me daba igual si un psicólogo opinaba que estaba buscando la figura paterna que no había tenido en mi casa. Puede que fuese un problema de la mente, pero yo lo sentía, hablando claro, en el coño.

El domingo me desperté temprano y me preparé para recibir a Arturo. La vestimenta para pintar no daba para algo más provocativo, así que decidí prescindir del sujetador y ver si mis pezones marcados le sugerían algo. Si no era así, tenía preparado un plan alternativo que no lo iba a dejar indiferente.

Llegó a la hora acordada y entró al cuarto de baño para cambiarse. En esa ocasión, había optado por una camiseta sin mangas, lo que le daba un aire aún más masculino y excitante. Nos pusimos manos a la obra con la segunda capa de pintura del salón. Quizás fuese cosa mía, pero tenía la sensación de que me estaba tocando más de la cuenta. Me colocaba una mano en el hombro al hablarme, me tocaba la cintura al pasar por mi lado e incluso, en una ocasión, teniendo mucho espacio para pasar, lo hizo pegado a mí, restregando su pene contra mi culo.

Aunque parecía que la tensión sexual iba en aumento, él no se atrevía a dar más pasos que esos. Yo buscaba la forma de hacerlo sutilmente, sin meter la pata, pero cada vez estaba más cachonda, incapaz de pensar en nada que no fuera echarle un polvo salvaje.

– Arturo, ¿no crees que ayer dejamos una conversación a medias?

– No, creo que no.

– Me dijiste que siempre había sido mucho más que una hija para ti.

– Es que te conozco de toda la vida, pero nunca te he visto como una hija.

– ¿Y cómo me ves?

– Desde que te desarrollaste, siempre te he visto como una jovencita preciosa.

– Como muchas otras.

– Pero a ti te tenía siempre en mi casa, te veía crecer… todo.

– ¿Te refieres a mi cuerpo?

– Dafne, siempre te he deseado, pero sabes que no puede ser.

– Yo también te deseo.

– Eso lo sé desde hace mucho tiempo. Y también sé el motivo.

– Da igual el porqué, lo importante es que quiero que me hagas tuya.

– Imagínate si Erica lo supiera.

– Yo no se lo pienso decir.

– Olvídalo, no puede suceder.

– Lo entiendo. Pásame la botella de agua.

Si pensaba que me iba a rendir, era porque no me conocía lo suficiente. Fingiendo torpeza, derramé gran parte del contenido de la botella sobre mi camiseta blanca, haciendo que mis oscuros pezones aparecieran como por arte de magia ante los ojos de Arturo, que no dudó en clavar su mirada.

– Por dios, Dafne, ve a cambiarte esa camiseta.

– Tengo toda mi ropa en el armario y está plastificado.

– Pues coge algo de mi hija.

– La poca ropa que no se llevó está en cajas, en la parte alta, no llego.

– Ya voy yo.

Era mi momento. Una vez llegó a la habitación de Erica y rebuscó en la parte alta del armario, aparecí por su espalda y lo tumbé en la cama de su hija de un empujón. Me senté a horcajadas sobre él, para que no pudiera huir. Le metí la mano por debajo del pantalón, aunque quisiera negarlo, estaba duro como una piedra.

– Piénsalo bien, Dafne, no merece la pena.

– Mírame las tetas, Arturo, y dime que no te las quieres comer.

– No puedo decirte eso, porque no sería verdad.

– Dime que no quieres agarrarme el culo con fuerza.

– También sería mentira. Te asustaría la cantidad de años que llevo deseándolo.

– ¿Eres capaz de decirme que no quieres saber cómo de caliente, húmedo y estrecho tengo el coñito?

– Siempre me lo he preguntado, desde que eras virgen.

– Fóllame, por favor, cumple mi sueño de adolescencia.

Sentada sobre él, notaba cómo su polla se endurecía cada vez más. Luchaba por contenerse, hasta que me cogí las dos tetas, las apreté y se las puse delante de la cara. No pudo aguantar más. Tiró de mí y se metió uno de mis pezones en la boca. Yo empecé a mover mis caderas, jugando con su tranca entre mis piernas.

Con una mano me seguía estrujando en seno que chupaba, la otra la metió bajo mi pantalón, para apretar una de mis nalgas. Notaba como los fluidos escapaban por mi vagina, pidiendo ser penetrada por el padre de mi mejor amiga.

– No aguanto más, Arturo, métemela.

– Estamos en la cama de mi hija.

– ¿Eso te supone un problema?

– No, me da mucho más morbo.

Continuará…

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Te invitamos a leer las siguientes confesiones.

Mi cuñada y yo

Hola. Mi nombre es Pablo. Está historia sucedió hace unos años en Tampico, México.
Para estudiar la normal, tuve que ir a vivir a esa ciudad. Mi hermano tenía dos hogares, es decir, dos mujeres. Llegué a la casa que rentaban en una colonia cerca del centro.. La otra mujer le rentaba casa por el aeropuerto, distante del centro.. Él mismo me decía que ya no quería estar con la primera, que estaba buscando la forma de estar menos tiempo con ella, que prefería a la segunda.
Un día se fue de vacaciones con la segunda por varios días sabiendo que ya le habían pedido la casa del centro por lo que había que buscar otra casa o departamento..


Le ayudé a mi cuñada a buscar otra casa y le ayudé con la mudanza. Terminamos muy tarde. No dió tiempo de armar las camas o de acomodar las cosas por lo que para dormir tendríamos una colchoneta y me dijo que me podía acostar a un lado..
Debo decir que yo tenía 17 años y ella 26 con una nena de 4 años.
En este lugar hace mucho calor.. Me puse un short y me acosté. Ella estaba con una bata sin brasier.
Acostados estuvimos comentando los planes del siguiente día; los pagos, la escuela, etc.
Se puso de lado dándome la espalda. Me pidió que intentáramos dormir.

Pero yo sentía algo que no me dejaba tranquilo, su cercanía, su olor, no sé.
Me acomodé junto a ella y me atreví a abrazarla. Ella tomó mis manos y me dijo que se sentía segura conmigo, se sentía protegida.
En eso se voltea y me abraza y me besó.
Entendí que necesitaba sexo, al igual que yo. Nos acariciamos, nos besamos y nos abrazamos aunque hacía calor.
Se quitó la bata y pude acariciar y chupar sus ricos pechos mientras me quitaba ella el short.
Quedamos desnudos completamente.

Cuando toqué su conchita estaba mojada y ansiosa de penetración. Ella boca arriba, abrió sus hermosas piernas y me jaló para montarla. Dudé en penetrarla pero ya no había tiempo de retractarme.
Mi pene estaba bien erecto. Así que la penetré sin problema. Yo sentía que podía eyacular en cualquier momento, pero me pidió que me tranquilizara, que me esperara. Después de un rato de estar metiendo y sacando, me pidió que me acostara boca arriba, que se iba a montar.

Sus hermosos pechos quedaron en mi cara. Los pude acariciar y los pude chupar mientras le agarraba sus sabrosas nalgas. Ella se movía encima de mi como desesperada. Después de un rato, le dije que iba a eyacular y ella me dijo que también iba a terminar. Terminamos juntos.
Descargué toda la leche en su vagina y ella me dijo que ya necesitaba algo así. Que lo había disfrutado. Yo le dije lo mismo.
A partir de esa noche, empezamos a tener sexo todos los días. Lo hacíamos a cualquier hora: antes de irme a estudiarr, llegaba a comer, pero antes, teníamos sexo; me iba a trabajar y al llegar, de nuevo sexo.
Los fines de semana, lo.haciamos casi toda la mañana y luego por la tarde y luego en las noches.
Así estuvimos disfrutando del sexo como dos meses hasta que un día llegó el que andaba ausente y se acabó la diversión.

Me enseñó muchas cosas: posiciones sexuales, cómo besar, cómo acariciarla, cómo moverme, cómo frotar su clítoris, el uso de la almohada, etc.
Y aunque han pasado varios años, y ya no la volví a ver, aún la recuerdo.

La Conductora de televisión

Una famosa conductora de televisión cuando aún no era muy conocida tuvo una aventura que nunca ha dado a conocer, pero yo aquí se las platico.Conocí a Silvia en una reunión en la cual estaban varias personas vinculadas al medio artístico y televisivo; yo estaba ahí solamente por casualidad, pues me había invitado un amigo que era el hijo de una actriz poco conocida pero que le encantaba ir a todas esas reuniones de su ambiente.

Esa noche Silvia llevaba un vestido largo negro que resaltaba su figura bastante bien formada. Su cara es redonda, tiene mejillas grandes lo que a veces hace creer que ella está pasada de peso, pero no es así; realmente siempre ha tenido un cuerpo muy bonito y eso fue lo que me llamó la atención de ella, así como su cabello negro a media espalda y sus ojos expresivos; sus blancos dientes resaltaban en su franca sonrisa; como aún no era muy conocida le pregunté a mi amigo quien era ella y él me dijo que era una aspirante a conductora y actriz que buscaba relacionarse para recibir una oportunidad; ahí fue donde vi mi oportunidad y poco después la abordé.

– Hola, me dijo ella con su sonrisa juvenil
– Hola, ¿cómo te llamas? Contesté.
– Silvia ¿ y tu?
– Yo soy Esteban Rizzo (no le iba a decir mi verdadero nombre ¿verdad?), productor y director y te he estado observando, necesito platicar contigo.
– Pues adelante me dijo ella.
– Pero aquí no, hay mucha gente, si quieres nos salimos al jardín o prefieres llamarme a mi oficina el lunes.
– No, no de una vez vamos, me dijo. (noté que estaba desesperada por conseguir algo).

Salimos al jardín y empezamos a caminar con una copa en la mano cada uno, a la luz de la luna la vi hermosa y continué con mi plan.

– Mira, tengo varios proyectos que ya presenté a la televisora y estoy esperando respuesta, uno de ellos ya casi está aprobado; pero los ejecutivos me piden que proponga a tres hombres y tres mujeres para que sean los conductores.
– Ajá ¿y de qué se trata el programa?, preguntó ella mostrando un falso interés.
– Es un programa matutino con variedades, invitados y secciones de cocina, productos de belleza y limpieza, es dirigido a las amas de casa; pero la empresa me pide alguien fresco y juvenil que no haya salido mucho en pantalla para darle un toque de frescura al programa; propuse ya a dos personas, pero uno de los ejecutivos me dijo que las consideraron muy grandes para el programa.
– ¿Y el hombre quién sería?
– Se está definiendo también, pero quieren un joven que no pase de los 25 o 26 años, ¿tu que tantas apariciones has tenido en TV?.
– Hasta la fecha no he hecho nada en televisión, ando buscando una oportunidad.
– Pues, yo te la puedo dar, le contesté.
– ¿De verdad?, me dijo emocionada.
– Si, así es, si yo te recomiendo es seguro que entras al programa y a la televisión con el pié derecho ¿cómo ves?.
– ¡Gracias! Me dijo emocionada y me dio un beso en la mejilla
– Espera, le dije, no se si sepas, pero para entrar a la televisión hay que pagar un precio…
– ¡El que sea!, me contestó ella sin pensar.
– Es un precio alto, ¿qué estarías dispuesta a hacer?
– ¡lo que sea, no me importa con tal de entrar! (Era notoria su desesperación).

Para ese momento, ya habíamos caminado bastante por el amplio jardín de la residencia y nos encontrábamos algo alejados de la casa principal, de hecho ya no se escuchaba los murmullos de la fiesta; llegamos a una zona donde había unas esculturas muy padres y un pequeño monumento muy bonito también, nos sentamos en una banca de cemento adornada.

Pensé en citarla al día siguiente en mi oficina o en un restaurante, pero me di cuenta que ella podría indagar quien era yo realmente y se me caería el teatrito, así que decidí mejor aventarme de una vez en ese momento.

– Bueno, ya que estás consciente y dispuesta a todo, empieza a desvestirte.
– ¿Eh?… ¿cómo?…
– Pues, tu dijiste que estabas dispuesta a todo.
– Pe…pero… yo… no, esteee, no creí.
– Bueno, bueno, si no quieres no hay problema, pero entonces ya no me hagas perder el tiempo, iré a buscar a alguien más.
Me levanté e hice como que regresaba a la casa, pero ella me detuvo.

– No, no espera, pero, ¿es necesario?
– Oh niña, ya no me estés molestando, para salir en televisión tienes que hacer muchos sacrificios y este es el primero, o que, ¿acaso crees que los famosos lo hicieron solo por su ??talento?, además, yo veo precisamente que no tienes ningún talento.
– Si lo tengo, alegó.
– Pues demuéstralo, haz lo que te ordena el director y productor que soy yo.
– Está bien, lo haré, pero nadie debe enterarse.
– ¡Claro que no!, imagínate si la gente común se enterara lo que hacen sus ídolos, ten por seguro que yo no diré nada.

Silvia se levantó y se colocó de espaldas a mí. Me dijo que tendría que ayudarla, pues el cierre del vestido estaba atrás; yo con gusto me acerqué y bajé el cierre, ella despacio se quitó los tirantes del vestido y pude apreciar sus hermosos hombros desnudos; besé su cuello y sus hombros, la sentí tensa, pero tuvo que aguantar pues creía lo que yo le había dicho.

El vestido resbaló por su cuerpo y quedó en el piso, le desabroché el sostén desde atrás y también lo dejé caer, toqué sus pechos redondos y firmes, imagino que ella tenía los ojos cerrados y sentí su respiración junto a mi oído.

Quítate todo, le susurré y ella se sentó para quitarse los zapatos y las medias, dudó en quitarse la pantaleta, pero al final lo hizo, pues mi mirada se lo ordenaba.

La vi desnuda, que monumento de mujer, siempre había querido cogerme a una estrella de la televisión, ella todavía no lo era, pero decidí imaginar que sí.

Me desnudé frente a ella, abrió los ojos desmesuradamente al ver mi pene; por un momento parecía que se iba a arrepentir, por lo que me arrodillé, la hice abrir las piernas y vi su mata de vello en la entrada al paraíso, metí mi cabeza entre sus piernas y con mi lengua empecé a jugar con su clítoris; la sentí nerviosa, le susurré: cálmate, nada malo va a pasar, lo vas a disfrutar; levanté la mirada y la vi con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, como que empezaba a gozar con las caricias de mi lengua, la escuché gemir un poco y regresé a mi labor; poco después sentí como sus manos acariciaban mi cabello; mientras las mías recorrían sus piernas hasta sus nalgas y luego subían hasta llegar a sus senos, tocando sus pezones erectos.

Está por demás decir que mi pene estaba súper erecto, a punto de explotar, pero decidí que a esa hembrita tenía que gozarla con calma; así que la recosté en la banca de cemento y me dediqué a besar su cuerpo, subí desde su monte de venus por su vientre y estómago y llegué hasta sus pechos, saboreé sus pezones como si fueran un rico dulce mientras mi dedo jugaba con su chochito, Silvia estaba abandonada en franca entrega, así que pude hacer y deshacer a mi antojo sin ninguna resistencia de su parte, más bien ya sentía cooperación de su parte; la brisa fresca nos ayudaba a no sentir tanto calor de nuestros cuerpos, llegué a su boca y sentí sus suaves labios besando los míos, metí mi lengua en su boca mientras mis manos seguían recorriendo desde sus pechos hasta la entrepierna, metiendo un dedo en su vagina lubricada.

Me subí a la banca de cemento de manera inversa, es decir con mi cabeza hacia su chochito y mi pene lo coloqué en su boca; ella entendió de inmediato y empezó a mamar, mientras yo le chupaba el clítoris y la vagina. Me dio una chupada tan rica que creí que iba a estallar en su boca, por lo que mejor me detuve para continuar con lo mejor.

Llegó el momento decisivo y me subí también a la banca de cemento, esta vez de frente; me coloqué en medio de sus piernas, ella las abrió sin chistar; sin dejar de besarla, empecé la penetración despacio; ella gimió de placer; mi pene entró totalmente en su vagina y empezamos a movernos al mismo ritmo, ella gemía como loca, incluso temí que nos descubrieran, afortunadamente estábamos muy lejos y nadie nos oyó, bueno, eso creo.

Los pechos de Silvia se bamboleaban al ritmo que se movía ella y de repente soltó un fuerte grito de placer, me di cuenta como llegó al orgasmo porque su vagina apretaba con tal fuerza mi pene que creí que me lo arrancaría, pero el placer que me proporcionó fue tan inmenso que hizo que me viniera también, derramando toda mi leche dentro de ella; terminamos rendidos y abrazados.

Nos levantamos despacio y Silvia me preguntó que cuando me iría a ver; yo le contesté que le llamaría por teléfono en la siguiente semana para decirle donde y a que hora tenia que presentarse para que convenciéramos a los productores. Nos vestimos y arreglamos y la llevé a su casa.

Ahora Silvia conduce un programa los fines de semana junto con un tipo bastante estúpido, creo que se como logró llegar ahí.

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Esto le puede pasar a cualquier mujer…Acostados, en la cama, comenzaron a besarse con gran pasión. Pronto se casarían
-Mmmm, mi amor.
-Sácame el sostén.
Sus grandes y blancas tetas descargaron todo su volumen hacia el lado derecho de Lya.
-Qué delicia, las tienes enormes, nena. Ahh! Muaaaa.
Brend acariciaba uno a uno los portentosos pechos. Los chupaba, como tratando de libar algún elixir secreto.
Se dio un respiro para quitar los panties de la mujer.
-Déjame besar tu chochita, nena. Ohh, si.
La punta de su lengua ahora rozaba la entrada de la vagina y con sus manos vehementes desplegaba, como un jugoso fruto, aquella rosada y suave carne.
-La lengua, méteme la lengua. Exclamó Lya.
Ya exitada, Lya enjuagaba el rostro de Brend con sus abundantes jugos, tomándolo del cabello, apretándolo contra su caliente abertura.
-No pares, sigue así, así. Mi vida. Qué rico.
Con sus inquietas manos atrajo la cintura de su novio hacia ella y comenzó a tirar del calzoncillo hasta bajarlo a las rodillas. Desde ese ángulo miraba la línea que partia en dos el trasero del hombre.
-Es un magro culo. Pensó.
Cuando metio su mano derecha debajo de las nalgas, palpó los dos huevos.
-¿Queeeeeeeé?. Se dijo a si misma.
Su emoción, su ardiente fogosidad casi llega a cero cuando pudo observar, al abrir las piernas de Brend, un órgano minúsculo, escuálido y fofo.
-Lo tienes dormido, muy dormido. ¡Mi vida!
El instinto la acerco al pequeño pene y comenzó a chuparlo con desilusión. Era una experta, sus antiguos amantes podrían corroborarlo.


El incesante y tenaz ritmo de la succión causo un leve aumento del falo. Era la ereccion esperada. Brend se levanto de su posición para penetrar a Lya, era evidente que estaba a punto de eyacular.
-Empuja, empuja con fuerza, mi vida. No te siento. Exclamaba la sedienta mujer.
-Dame duroooooo
Brend sudaba copiosamente. Trataba de aguantar más de lo que daban sus fuerzas.
Sospechando, Lya lo previno:
-No vayas a terminar, empuja más, empuja más.
Brend podia darse cuenta: Lya ya no estaba excitada. Además, su pene â??nadabaâ? en la caliente cavidad, como si sobrara un pródigo espacio imposible de llenar.
Lya recordó el dia de su encuentro con él, cuando se besaron por primera vez, cómo su espigado cuerpo lo presagiaba a manera de un buen amante.
Pasaron por su mente muchas cosas: el día glorioso, hace diez años, cuando un vecino acabó con su virginidad. A su ex novio Charlie, que la colmaba con su potencia. Y ahora, esto.
Sus divagaciones fueron interrumpidas por la urgente voz de Brend.
-Me corro, linda. Ya no resisto más.


-Toma, toma, nena. Ohhhhhhh.
-Hazlo afuera. Ordenó ella, aburrida.
La leche cálida alcanzó su ombligo y Brend manipulaba el exiguo miembro extrayendo las últimas gotas, mojando las blancas sábanas. Al mismo tiempo esparcía el líquido sobre el vientre de la dama.
Lya estiro su mano para evaluar la pobre dimensión.
-¡Ni cinco pulgadas! Dijo entre si.
Estuvo casi media hora en la ducha con un consolador entre sus grandes nalgas y su preferido, el de 8 pulgadas, en su vagina. Mientras se repetía a si misma.
-Charlie, oh si, Charlie.

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Me gusta mucho tener sexo con mi novio, si por mi fuera se lo haría todos los días aunque he descubierto que las veces que mas me han gustado fue la primera cuando andábamos en un parque  publico nos fuimos a donde estaba mas vació luego nos sentamos en un tronquito me sento en sus piernas y cuando pense que ibamos a platicar empezo a besarme me abrazaba y subimos mas la intensidad del beso por lo que empezo a poner sus manos en mi trasero y yo llebava un short super chiquito aunque algo flojo que permitia que el metiera facil su mano, y fue con los besos y sus dedos rozando mi vagina que empeze a sentirme caliente y a mojarme de abajo luego me llevo a acostarnos abajo de un arbol me puso arriba de el y seguimos con el beso de lo caliente que me estaba poniendo ya empezaba  a gemir y a pasarle los pechos por la cara por que me daban unas ganas fuertes de que los sacara y lamiera pero el me dejaba con las ganas luego con mas besos y dejandole acariciar mi vagina me susurro que tenia ganas de penetrarme.

al principio me asusto la idea de hacerlo de dia y en lugar asi pero el no se iba  a rendir por eso siguio besandome y lo acoste y me saco  un pecho y se sentia tan bien como me presionaba el pezon cuando lo chupaba, me encanta ver su cara en mi pecho, ver como los lame y sentir como los moja entonces siguio con la idea de penetrarme por eso me sento en el y para provocarme mas empezo a meterme los dedos pero me lastimaba entonces tomo  mi ropa interior y la tiraba y yo solo lo besaba y gemia mas fuerte con cada tiron entonces le dije que tampoco aguantaba y luego saco  su miembro ya erecto y se masturbaba un poco para lubricalo pero yo le pasaba la llema de mi dedo en su punta y le dolia por eso lamia mi dedo y lo volvia hacer para que le gustara entonces me sente en el y movio mi short para empezar a penetrarme cuando el estraba sentimos dolor pero depues volvi a sentir ese calor y estba exitandome mas y mas me pido que me moviera y empeze a mover las caderas para sentir como entraba y salia y con esa friccion sentir mas y mas calor dentro de mi vagina pero luego me detuvo por que vio a unos chavos escondidos a lo lejos pero yo ya estaba demasiado exitada y solo queria moverme mas y mas asi que segui hasta que el me detuvo luego salio y nos fuimos a pasear y las demas ocaciones… esas son para la proxima.

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