Nueva casa en el campo

Cuando terminé la facultad nos mudamos a otra ciudad porque no había opciones de empleo donde vivíamos, encontramos un bello lugar a las afueras alejado de todo, una preciosa casa con un río cerca.

Mi mamá buscó trabajo en una clínica y yo en una oficina de abogados y mi hermano se ubicó en una escuela no muy lejos de casa.

Nos acostumbramos enseguida a todo y cada uno tenía sus cosas para hacer.

Una tarde cuando llegué a casa aún no había nadie y sentí curiosidad por ver el río, porque desde que llegamos a ese lugar no había podido ver ni saber como era el lugar.

Como no había nadie me desnudé y me puse las sandalias porque mis pies los tengo bien cuidados, salí de la casa y caminé hasta el río, estaba algo alejado de la casa pero solo hay hierba y algunos árboles, caminé por toda la orilla del río para encontrar un lugar que fuera cómodo, no encontré nada y regresé hasta donde había llegado, lo único que había era un gran árbol con una buena sombra.

Regresé a la casa por mis cosas de bañarme y fui para el río, entré al agua y me mojé completa, me lavé el pelo, y me afeité la vagina, terminé de bañarme y salí del agua, me sequé completa con mucho cuidado y recogí todo y regresé a casa muy contenta porque me había bañado en el río y además me había quedado bien afeitada la vagina.

Durante varios días no pude regresar a casa temprano y el domingo en la tarde luego de comer me fui a dormir desnuda a la terraza, acostumbro a dormir boca abajo y luego de varias horas desperté y fui a mi cuarto, allí estaba mi hermano y me preguntó que hacía durmiendo desnuda en la terraza y le dije que era más cómodo hacerlo desnuda, le dije que me daba mucha vergüenza que me viera desnuda, él miró todo mi cuerpo y le gustaron mucho mis nalgas, eso me dio más vergüenza y él me preguntó porque y le dije que es porque nunca había hecho el amor por el culo.

Lo miré a los ojos y le pregunté si le gustaría y dijo que no sabía, sin decir más nada le tomé una mano y salimos a la terraza y le dije que se desnudara, me puse en 4 en el piso y le dije que con mucho cuidado fuera empujando su pene en mi ano, yo me relaje todo lo que pude y sentí que mi ano se tragaba poco a poco su pene largo, muy despacio comenzó a frotar y me dio mucho placer, pasó varios minutos moviéndose y cuando comenzó a echarme el semen llegó nuestra madre, él se vino abundante y nos pusimos de pie.

Ella nos pregunta que hacíamos y le dije que me estaba haciendo el amor pero por el culo y que no debía preocuparse, dijo que eso estaba mal y que éramos hermanos.

Yo le dije que nunca había hecho el amor por el culo y no confiaba en nadie más para hacerlo.

Me dio un beso en la frente y dijo que fuéramos para el cuarto a hacerlo mientras preparaba la cena.

En la fiesta de graduación

¡Qué barbaridad! ¡La mirada de este hombre! ¡Me fascina!

—Las cosas que voy a hacer a contigo… —gruñe mientras se abalanza sobre mí en esta oscura bodega.

Afuera sigue la música de mi graduación como ingeniera, él fue mi profesor de cálculo integral y sus nalgas alimentaron mis más oscuras fantasías.

Inclina mi cabeza hacia atrás, me besa el cuello, con sus manos explora mi cuerpo, por lo que mis muslos aprietan mi entrepierna, anhelante y caliente. Su suave perfume llena mis sentidos, envolviéndome en una nube de lujuria.

Con suavidad me besa en la mejilla, y todo mi cuerpo se tensa. Me sostiene firmemente mientras nos besamos frenéticamente; su mano se estrecha alrededor de mi cabello, pasando los dedos por mi cabello. Siento que mi vestido de graduación me estorba, entonces lo dejo caer.

Mi mente ha dejado de distraerse y está concentrada en sus deliciosas caricias, mi boca está abierta y babea ligeramente. Mis pezones reaccionan a sus estupendos besos, nuestros cuerpos están pegados que ni una hoja cabría entre ellos. Mis dedos de ingeniera, largos y delgados, acogen su erección, acariciándola.

Se altera de repente, y de un tirón bajó mis bragas hasta mis pies, me golpeo contra la puerta perdiendo mi equilibrio. Me sostiene entre sus brazos y continúa con sus besos y caricias. Mi trémula piel palpita a su paso, mi respiración se acelera haciendo que mis pulmones se expanden con fuerza.

Hace tanto calor, punzadas de placer brotan directamente de mi entrepierna, anhelando más de él. Sus labios besan suavemente mi vientre. Me quejo en voz alta, jadeando.

—¿Cómo puedes hacerme esto a mí?

—Es tu regalo de graduación.

Entonces posa por fin su pulgar sobre mi clítoris, no pudo evitar gritar. Me está matando de placer.

Coloca sus labios ardientes sobre uno de mis pezones y lo muerde. ¡Me mordió! Pero en vez de sentir dolor, un espasmo de placer recorre mi cuerpo, quemándome el útero y convirtiendo mi vagina en gelatina temblorosa.

Y grite como nunca había gritado. Mi cuerpo se agita en espasmos sin control. Mi vagina se contrae con fuerza a la vez que desde los pezones, rayos de éxtasis recorren mis venas hasta quemarme el clítoris.

Mi noche de mi graduación apenas comienza.

MI HERMANO TIENE EYACULACION PRECOZ!

El tremendo esfuerzo de una abnegada hermana por ayudar a su hermanito a superar un problema que lo tiene muy preocupado.

Mamá había salido a trabajar, y yo estaba de vacaciones en la Universidad. Mi nombre es Erika, tengo 21 años, estudio cuarto año de medicina en una universidad en Quito, y para serles franca, mis amigos dicen que estoy buenísima. Me encanta mi cuerpo y estoy orgullosa de mis caderas, de mi trasero, pero sobretodo de mis pechos. Mis tetas son de infarto, no se cómo llegaron, pero cada día agradezco a Dios por habérmelas dado. Soy estudiosa y amiguera, y por ahora no tengo ningún enamorado, quiero primero terminar mis estudios.

El asunto es que me había puesto a limpiar la casa, en donde vivía junto a mi mamá, que trabaja todo el día, y mi hermano, Sebastián de 18 años, quien el día de hoy era un muchacho lindo, alto, fuerte, atlético, siempre alegre y optimista. Hacía un año había ingresado a la universidad para estudiar sicología. Sin embargo, últimamente lo veía triste y preocupado.

Regresando a la historia, estaba en mis labores de limpieza de la casa, y cuando ingresé a limpiar la habitación de Sebas, vi que no había apagado su computadora, estaba prendida, y el tema que tenía en la pantalla era algo que me dejó perpleja: cómo combatir la eyaculación precoz? Por un momento pensé que era un tema de la Universidad, pero después de un momento me pregunté si no sería un problema que tenía Sebas. Ingresé a su Messenger y vi entre sus conversaciones, que le pedía disculpas a su enamorada, de nombre Mía, por no poderse controlar y venirse tán rápido. Le pedía perdón y le pedía otra oportunidad. Parecía que las cosas no iban muy bien. Primero me sorprendió que mi hermanito ya estuviera en estos asuntos de sexo, pero más me preocupó que no fuera feliz, siendo el sexo una de las satisfacciones más grandes que puede tener una persona.

Salí de su habitación y cuando terminé de limpiar, fui a mi habitación prendí mi computadora e ingresé a Internet, y me dediqué a buscar artículos referentes a la eyaculación precoz, y encontré varios estudios que hablaban de la técnica de Kegel, y que consistía en la contracción de los músculos pélvicos para controlar la eyaculación precoz.

Encontré que los músculos pélvicos son aquellos que se encuentran entre los testículos y el ano, y había que contraerlos lo más que se pueda para poder controlar la eyaculación. Recomendaban hacer ejercicios contrayendo y relajando estos músculos por 5 segundos, unas 30 veces por día.

También recomendaban hacer un masaje dentro del ano, sin llegar a tocar la próstata.

Igualmente señalaban que era importante mantener una cierta frecuencia en las relaciones sexuales. La falta de sexo puede derivar en una pérdida temporal del control de la eyaculación; pudiéndose agravar con el tiempo y la falta de dedicación.

Recomendaban tener al menos 3 relaciones sexuales por semana, no masturbaciones, porque correrse la paja no incrementaba el uso del músculo pélvico que era el que controla la eyaculación.

Me propuse ayudar a mi hermano, y que pudiera superar este problema sea como sea, aunque me tuviera que sacrificar por el. La verdad, era que el tema me estaba poniendo calientona, y el sólo hecho de pensar en ayudarlo a tener la verga parada más y más tiempo, me ponía a mil por hora.

Como sabía que mi mamá no llegaría hasta la noche, y Sebas llegaría a almorzar y después a jugar con el Play, decidí bañarme y ponerme lo más linda y seductora posible, para hablar sobre el tema, darle confianza y también para provocarlo y hacerle ver que su hermanita lo podía ayudar en toooodo.

Mirándome al espejo, me puse linda, con una tanguita tipo hilo dental que separaba mis pompis, una minifalda que se levantaba a la primera brisa y un polito que dejaba ver mi ombligo. No me puse brassiere, para que pudiera ver mis pechos.

Cuando Sebas llegó me dijo. «hermanita, qué linda estás» y noté que no dejaba de ver mis pezones duros y mis piernas también duras y redonditas. Le dije siéntate hermanito, hoy quiero celebrar, y sin decirle el motivo, le ofrecí un Cuba Libre que había preparado, y que él se lo tomó de inmediato. Esto lo relajó, preparé un segundo Cuba Libre, y después de conversar un momento cosas sin importancia, le pregunté cómo iban las cosas con Mía. Se puso un poco triste, me dijo que las cosas no iban muy bien, pero no me quiso contar la razón. Después de mucho preguntarle yo, por fin me dijo que se estaba sintiendo mal, porque no podía hacer gozar a Mía como él quería, que apenas tenía su pene dentro de ella, se venía, que no podía aguantar y que por más que trataba, eyaculaba de inmediato. Mía al principio le decía que no se preocupara, que eso estaba bien, pero él se daba cuenta que ella se empezaba a aburrir, y en una oportunidad Mía le dijo que era un desconsiderado, un egoísta, y que no podía creer que no pudiera esperarla.

Sebastián estaba desconsolado porque realmente quería a Mía, y porque quería que ella se sintiera feliz y plena sexualmente.

Yo le dije: hermanito, entonces yo tengo la solución, estudio medicina y quiero ayudarte, pero tienes que confiar en mi.

Me miró de pies a cabeza, y con una sonrisa me dijo, hermanita, me pongo en tus manos.

Aunque no teníamos tanta confianza y no nos veíamos desnudos, salvo por casualidad, lo llevé al baño de mi madre que tiene un jacuzzi, puse agua tibia, le quité toda la ropa, lo sumergí en el agua y le dije que descanse y se relaje. Aproveché para poner música muy suave, incienso con olor a sándalo para llenar de olor sensual el ambiente, y después me acerqué a el.

Con una esponja y jabón empecé a frotar sus hombros suavemente, al ritmo de la música, haciendo círculos suaves sobre sus anchas espaldas. Esto le fue gustando y por sus ojos noté que se iba relajando y soltando. Aproveché para quitarme lentamente la faldita y el polo y quedarme sólo con la tanguita que como dije separaba armoniosamente mis nalgas. Seguí frotando su espalda, pero poco a poco fui bajando hasta tocar sus nalguitas duras y redondas, y de allí seguí y seguí hasta llegar a su ano, a su huequito trasero. Primero le sorprendió, y antes que dijera algo le dije, hermanito, confía en mi, déjate llevar. Accedió. Yo seguí frotándole el ano, y poco a poco metiendo uno de mis dedos. Sebas cerró los ojos y vi que le pene se le puso duro como una roca. Tremenda pieza que se manejaba mi hermanito!, grande, dura, gorda, provocaba agarrarla allí mismo. Sin embargo seguí y seguí haciéndole este masaje anal, y él seguía y seguía gozando. Quiso llevarse la mano al pene para masturbarse y le dije: no hermanito, no hagas nada, déjate llevar. (esto no convenía porque lo que buscaba era mantener la erección el mayor tiempo posible, y ejercitar sus músculos pélvicos).

Después de más de 20 minutos de ver parada la verga de mi hermano, lo saqué del jacuzzi y lo sequé (seguía con el miembro parado). Lo llevé a mi dormitorio allí lo eché a mi cama y por primera vez empecé a besarlo suavemente en la boca. El se dejó hacer. Correspondió a mis besos mientras acariciaba mis tetas y mis nalgas, yo miraba que seguía erecto y poco a poco fui bajando para introducir su miembro caliente en mi boca. Empecé a lamerlo y lamerlo cual bola de helado hasta que sentí que estaba por venirse, en ese momento le toque los músculos pélvicos que como dije se encuentran entre los huevos y el ano, y le dije, hermanito contrae esta parte, fuerte fuerte, aguanta. Lo hizo, y efectivamente no se vino, no salió el chorro de esperma que el ya tenía listo para disparar. Le dije: viste?, el tema está acá, entre tus huevitos y tu culito, cada vez que sientas que te vas a venir, presiona este músculo, contráelo y se va a detener la eyaculación, no el deseo, porque vas a seguir con tu miembro bien paradito haciendo gozar a tu pareja.

El me miró y sólo me dijo: sube hermanita y practiquemos. Yo ni corta ni perezosa, me quité la tanguita que a duras penas podía contener toda la humedad que tenía en mi cuquita, y me subí sobre el pedazo de carne de mi hermano y prácticamente me entornillé en el. Estaba caliente y muriendo de deseos de sentirme atravesada por el. Empecé un movimiento cadencioso de abajo hacia arriba, mientras él tomaba mis tetas y las estrujaba como buscando exprimirlas, y cuando sentía que estaba por venirse le susurraba al oído: hermanito contrae tu culito. El sonreía y yo sentía como contraía el músculo con el pene erecto como una torre y no se venía. Repetimos varias veces esta operación y el aguantaba la eyaculación. La que se vino varias veces fui yó, que sentía no poder aguantar más el placer que me producía esta situación. Cambiamos de posición a perrito, donde el veía mi culo grande y redondo y allí sí sentí que Sebas no iba a aguantar, le dije en tono serio, concéntrate y sigue tirándome carajo!!. El entendió, contrajo su culito otra vez y siguió adelante. Fue increíble, estuvimos más de 10 minutos en esa posición, y yo tuve mi tercer orgasmo!!

Finalmente cambiamos de posición otra vez, esta vez frente a frente, con mis piernas sobre su hombro, y mientras me besaba apasionadamente sentía cómo me atravesaba con su tremendo pene, y cada vez que estaba por eyacular, contraía el músculo y continuaba, siguió así, incansable, hasta que me vine por cuarta vez. Eso era mi record mundial para una sesión, y seguramente era largamente el record de Sebas en cuanto a tiempo tirando. Al final le supliqué que se venga conmigo, a lo que él, siempre obediente empezó a empujarme con más fuerza, salvajemente, hasta que esta vez no contrajo su culito y se vino en una sola explosión, que me hizo sentir cómo todo su semen caliente, quemante entraba a mis entrañas. Que rico papi!!! Fue lo único que le pude decir. Yo estaba exhausta pero feliz, era la primera vez que lo hacía con mi hermanito, y me sentía plena, pero sobretodo, sentía que lo había ayudado a superar un problema.

Le dije que había estado delicioso, que era el mejor sexo que había tenido en mi vida, y que esperaba que esto le sirviera para su relación con Mía.

El también estaba feliz, me besaba, me acariciaba, me agradecía, me dijo que nunca había durado tanto tiempo, que vá! ni un minuto! Ahora había estado más de una hora tirando y tirando sin venirse.

Nos bañamos, no teníamos hambre, así es que nos recostamos otra vez, y mi hermanito ya estaba otra vez con el pene parado, era él quien ahora tomaba la iniciativa, y me dijo, hermanita, tenemos que seguir practicando, pero esta vez fue él quien empezó a acariciar mi culito y a dar vueltas con un dedo dentro de mi ano, luego dos dedos, luego tres, y finalmente, con bastante saliva, metió su verga dentro de mi culito. Francamente no me dolió nada, estaba todavía bastante relajada del polvazo anterior, así es que sentí mucho placer cuando empezó a moverse dentro de mí. Ya controlaba mejor sus músculos pélvicos y a mí me daba mucho placer. Mientras me enculaba, le enseñé a mi hermanito dónde quedaba mi clítoris y cuáles eran los puntos de mi cuerpo donde el al tocarme me hacían sentir electricidad y deseo de ser atravesada. El era un alumno aplicado y pude tener un quinto orgasmo en ese día, algo que no me había propuesto, al venirme junto con el después de más de 20 minutos de mete y saca de su pieza en mi culo.

Le dije mientras nos bañábamos juntos nuevamente: Sebas, por favor este es nuestro secreto, yo he gozado mucho enseñándote estas cosas para que las pongas en práctica con Mía, y no tengas este problema de eyaculación. Pero por favor no se lo comentes a nadie, y gózame cada vez que quieras.

Así sucedió, Sebas le dio a Mía una tremenda lección de sexo, hasta ahora la tiene loca, lo han hecho en todas las posiciones y formas y en todos los lugares. Inclusive lo ha hecho en su habitación con Mía, y como premio por mis esfuerzos, me ha dejado que los vea tirar juntos sin que ella sepa, lo cual a mí me calentaba mucho y hacía que me masturbe como una loca desenfrenada.

Seguimos tirando como adictos al sexo cada vez que podemos, Sebastián se ha convertido en mi amante, y practicamos posiciones nuevas y cuando tenemos alguna duda respecto al sexo, buscamos la solución juntos. Esto me ha dado tranquilidad y relajo. Tengo actualmente un enamorado, con quien ya tiro, y me gusta, pero no se compara en nada con mi amante y hermano, Sebastián!

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Profesor de Historia Parte 1

Mi nombre es Leopoldo, tengo 45 años, vivo en Buenos Aires, y soy profesor de historia en el colegio secundario. Mi relato comienza cuando tenía 17 años y me puse de novio con una hermosa niña que tenìa mi misma edad, no solo eso: cumpliamos el mismo día. Estaba en el último año de la preparatoria antes de entrar en la Universidad, y como buenos novios primero nos acostumbramos a besarnos, a tocarnos y un poco más tarde, exactamente para nuestro cumple de 18 años (el mismo día) nos fuimos a un hotel y nos desvirgamos mutuamente. Para mí era la primera vez que penetraba a una mujer y para ella era el día en que le rompí el himen y manchamos con sangre la sábana.

La disfrutamos durante horas. Nos quedamos un doble turno y luego nos bañamos y mientras le enjabonaba las tetas le metì de vuelta mi verga en su conchita y la llene de leche que mezclada con el agua de la ducha pensamos que no iba a pasar nada. Bueno, ese día no pasó nada. Dejamos pasar dos semanas hasta que le vino la menstruación y seguimos cogiendo muy enamorados, pero cuidandonos. A los 20 años nos casamos y teníamos un pequeño departamento.

En ese departamento nos masturbabamos, cogíamos y hacíamos toda clase de travesuras antes de casarnos.
Yo le chupaba la concha y su clítoris y ella se tragaba mi leche calentita. A los 23 años terminé la Universidad y ella siguió estudiando. Yo me conseguí tres trabajos en tres escuelas: una estatal y dos privadas. Ella quedó en el ínterín embarazada y ya en el sexto mes, cuando estabamos harto contentos ocurrió la mayor desgracia de mi vida.


Ella estaba cruzando una avenida, cuando una motocicleta la atropeyo y murió al rato. Yo no podía ya ni llorar, dado que también había perdido a la bebe que llevaba dentro. Mis lágrimas se agotaron. En ese entonces yo tenía 25 años y por más de una década no me acerqué a una mujer.
Seguía dando clases, cuando una alumna de la escuela estatal me pidió si le podía dar clases extras porque había temas que no entendía. Le dije que venga después de las 18 horas a mi departamento y le iba a dar una hora de clase. Cuando llegó estaba toda vestida como para ir a bailar: pollerita corta, una blusa transparente, se le veía la tanguita y que no usaba corpiño. Y me encaró y me dijo: No tengo para pagarle la clase, así que el pago voy a ser yo. La miré a la mocosa que debía tener 15 años y le pregunté directamente: «¿sos virgen?» y me respondió «Por supuesto».

Entonces le contesté, la clase de hoy es gratuita. No se cobra. Lo único que me faltaba era tener que desvirgar a una pendejita. Se fue un poco triste a la casa después de haber estudiado el papel de la mujer en la Edad Media. Al día siguiente, cuando salí de la escuela, me esperó una señora de más o menos mi edad y me preguntó: «¿usted es Leopoldo?, el profesor de historia». Dije que sí y me dijo: vengo a pagarle la clase de ayer de mi hija. Me negué rotundamente y enfilé hacia mi casa mientras la señora me seguía. Cuando estaba entrando en mi hogar me siguió y no me dejó cerrar la puerta y se metió dentro. Pero por favor me pidió. Nosotros no tenemos dinero, pero le puedo asegurar que mi concha lo vale. Sabemos que Ud. es viudo pero no se va a negar a una mujer que también necesita una buena verga, dado que mi marida me abandonó hace dos meses.


No había pasado una hora en que suena el teléfono y me dice una mujer que la hermana le dijo que yo le podía dar clases. Quedamos para el día sábado (en que ella no trabajaba) por la mañana, porque por la tarde tenía clases. Y llegó el día: Tenía que estudiar sobre filosofía y eran las 8 de la mañana, estaba tomando un café cuando me tocan el timbre. Era la hermana de mi alumna, se llamaba Lucía. Una chica de 21 años. Le pregunté què necesitaba estudiar y me dijo que la anatomía del pensamiento lésbico. Le dije que no sabía de que se trataba y me replicó que ella tampoco porque había inventado el tema en ese momento, pero que le hiciera un favor, si le servía un buen café. No entendí bien la cosa, pero le hice un café muy caliente, estaba tan caliente que se le quemó la lengua y me dijo: «Me das un besito para aliviarme». Cuando me acerqué a ella la abracé, le dí un besito y de repente ella me bajó el cierre del pantalón y me empezó a restregar mi pene. Yo metí mi mano en su espalda, le solté el corpiño, le subí la remera y le empecé a lamer los pezones. Mientras le lamía los dos pezones, puse mi dedo índice en su culo (bastante abierto) y después le masajeé la vagina. Ella me bajó los pantalones, se bajó los suyos y se quedó totalmente desnuda, lista para coger. Abrió las piernas y me pidió que la penetrase. Era muy fácil, me parece que la tenía más usada que María, la madre de mi alumna; mi pene bailaba dentro de esa rajita y antes de descargar mi semen, la di vuelta y se la metí en el culo. Allí paseé como si estuviese adentro de un vagón de subte por la amplitud que tenía. Le llené el culo de semen y volví a la conchita para besarla y coger un rato más.

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Mi cuñada y yo11 septiembre, 2023Luis García
El secreto de la enfermera31 octubre, 2020Luis García

Un novio me rompió el culo

Hace más de dos años conocí a Derek: un chico alto, fornido, de cabello largo y ondulado quien además de parecer un puto artista de cine, tiene los ojos verdes más hermosos que he visto en toda mi existencia. Nos conocimos en un grupo de Facebook relacionado con Harry Potter gracias a que una amiga mía publicó dos boletos para ir al cine a ver la más reciente producción cinematográfica, Derek colocó un comentario invitándole las palomitas y la amiga metiche (yo) terminó con la solicitud de amistad del tipo guapo de Monterrey, Nuevo León.

Para quienes no sepan: Saltillo Coahuila, mi ciudad, está a una o dos horas en carro de Monterrey por lo que no es raro que haya parejas entre ambas ciudades. Derek y yo comenzamos como exraños por un gusto por la magia en común. En aquel tiempo yo tenía 22 años de edad, un novio llamado Kevin David y mi negocio estable pero el Fénix de ojos verdes (como suelo llamarlo aún) entró a mi vida cuando menos lo esperaba, se encargó de que fracasara mi relación con el tipo anterior gracias a su buena labia y que en realidad parecía el príncipe azul que todas soñamos.

Quizá en otro momento les describa el primer encuentro entre nosotros ya que, aunque ambos tenemos experiencia de sobra, temblábamos como colegiales pubertos en aquel cuarto del hotel cercano a la central de autobuses… Qué nostalgia. Pero hoy me adelantaré un poco en el orden cronológico de ese drama sexual:

En enero de 2017 Derek vino por primera vez en su vida a mi ciudad. Yo rentaba un departamento en el pleno centro de la ciudad: calle Obregón frente a una iglesia llamada San José; el primer día del año lo recibí con los brazos abiertos, cinco días atrás me había propuesto matrimonio y sería una oportunidad perfecta para definir si nos casaríamos en mi natal ranchito o en su enorme ciudad de Monterrey, Nuevo León. Aquella tarde comimos en la calle Victoria y tras llegar a casa y arreglar algunos de mis negocios subimos a mi pieza para mi parte favorita: hacer el amor.

Carlos Alberto Derek era un hombre que sabe tratar muy bien a una mujer. Me besaba exactamente en cada punto débil de mi cuerpo, como mis pezones, mi cuello y toda la espalda, solía masajear mis nalgas y apretarlas hasta hacerme dar un brinquito de dolor para satisfacer ambos deseos y jalaba suavemente mi cabello a manera de sazón de un buen orgasmo. Esa tarde todo fue diferente.

Con sus grandes y peludas manos comenzó a introducir sus dedos a mi vagina; del grosor de su anatomía sólo me cabían dos, además de que siempre he sido muy estrechita; jamás me he callado un gemido así que comencé a gritar como una nena virgen y eso le volvía loco. De a poco noté como mis jugos vaginales corrían por su blanca piel, cerré los ojos un segundo pero sentí algo completamente diferente: su meñique en mi ano. Dí un pequeño brinco de sorpresa porque antes de Derek yo cuidaba demasiado mi virginidad anal pero sabía que con su experiencia, sería difícil pasar por alto una acto así; me daba miedo dado a que ya lo había intentado con otros hombres pero siempre terminaba llorando.

– Derek ahí no – Pedí aún gimiendo de placer mientras él no paraba de masturbarme ya por ambos agujeros – Me va a doler – Alcancé a decir en un hilo de voz pero eso lo excitaba más, me veía casi babeando.

– Sabes que esto es inevitable si estás conmigo – Sentenció riendo pícaramente. Su sonrisa era angelical: dientes casi perfectos, labios carnosos y barba a medio crecer pero bien formadita, no dos o tres pelos nada más. Le miré a los ojos al voltearme para evitar a toda costa perder la última virginidad que me quedaba y sus ojos pasaron de un hermoso verde a un gris extraño. Si soy honesta había leído del tema pero jamás creí que una persona pueda cambiar algún tipo de apariencia física así, sentí un vuelco al corazón y mucho miedo pero él no dejaba de sonreír y yo ya lo amaba demasiado. Se paró de la cama un segundo a buscar algo en mi tocador, hasta que lo encontró. – Con esto te va a doler menos – Dijo mostrando un bote de mi crema corporal.

– Pero…

No tuve tiempo de completar la frase, el muy inteligente me volvió a poner boca abajo en el colchón de una manera sublime: adoro los juegos de dominación y aunque sabía que dolería mucho, era más la excitación al ver su hermoso y enorme pito rosado casi estallando de placer.

– Quédate tranquila – Pidió y echó un enorme chorro de crema sobre mis nalgas que fue masajeando poco a poco hasta llegar nuevamente a mi ano virgen. Con el dedo meñique volvió a dilatarlo y al notar que no oponía demasiada resistencia intentó con su pene; sentí la punta rosada de esa herramienta gorda y de buen tamaño de longitud y de inmediato chillé dolorosamente

– Basta, tengo miedo

– CÁLLATE – Gritó suavemente, concentrado para introducir su pene más al fondo. Intenté moverme pero yo peso 70 kg y Derek estaba por los 110 y casi todo era músculo, sus piernas están tan bien trabajadas que podía inmovilizarme con ellas prácticamente.

Mordí la almohada como ví alguna vez en las pelis porno y logré captar con dolor cada centímetro que iba entrando Derek en el lugar más sucio de mi cuerpo y que siempre protegí tanto. Unas lágrimas se me salieron, volví a suplicarle que parara pero él reía y acariciaba mi cabello para jalarlo después de metérmela de un solo golpe y comenzar a bombear.

– ¡Basta por favor! – Supliqué al tiempo que me vió llorar, algo que él no soporta en las mujeres y entonces paró pero no sin antes follarme la boca a su manera y hacer que me tragara su leche. De eso no me puedo quejar, me encanta, aunque no podía estar sentada.

Se echó a un lado mío en esa cama matrimonial, encendió un cigarrillo y acariciaba mis nalgas rojas aún con el ano dilatado y palpitante. No me atreví a acostarme de manera normal dado al dolor que no se me quitaba, él se durmió y pensé que quizá solo era una fantasía de las suyas: desvirgarme de cualquier manera posible. Observé su cara angelical, sus pestañas cubriendo esos ojos tesoro y suspiré amándolo.

No sabía que Derek sería, sin duda alguna, mi verdugo. Ya les contaré más relatos que ahora me excitan mucho pero incluso una vez me dejó con un ojo morado e inmovilizada por dos días de la noche tan loca que tuvimos en Puerto Vallarta…

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Con el papá de mi mejor amiga

Se supone que una mejor amiga es esa persona a la que le puedes contar hasta tus más íntimos secretos, aunque a veces hay cosas que es mejor que permanezcan ocultas. Erica y yo éramos inseparables desde los tres años. Fuimos juntas al colegio, a la universidad e incluso alquilamos un piso para estar separadas el menor tiempo posible.

Teníamos ya veinticinco años y seguíamos igual de unidas o más. Pero la desgracia se cebó con la pobre Erica. Su madre murió de forma repentina, dejando a mi amiga devastada. Para apoyarse en su padre y servirle también a él de consuelo, se mudó de forma temporal a la que había sido su casa de siempre.

La muerte de la madre de mi amiga también me afectó mucho a mí. Desde pequeña, pasaba mucho tiempo en casa de Erica y sus padres eran como unos segundos padres para mí. Ellos eran amables, educados y amorosos, todo lo que no encontraba en mi familia. En mi casa el panorama era muy diferente. Mi padre era un hombre grosero y vago al que era casi imposible no encontrarse en el sofá con una cerveza.

Era inevitable comparar a mi propio padre con Arturo, que era el de Erica. Siempre sentí fascinación por ese hombre tan alto, guapo y deportista. Era tan culto, que cuando me hablaba sentía vergüenza porque creía que haría el ridículo. Esa admiración que sentía por él, cuando llegué a la adolescencia se fue convirtiendo en algo más. Me imaginaba entre sus brazos, besando sus labios. Con los años, mi imaginación cada vez iba a más.

Ese era el secreto que jamás le había podido contar a Erica. A veces tenía la tentación de sincerarme, aunque fuese para liberarme de la carga de conciencia, pero, tras el trágico suceso, lo descarté por completo. Aunque sabía lo que suponía, mi obligación era apoyar a mi amiga en esos momentos tan duros.

Metí en una bolsa de viaje algo de ropa y me fui a pasar unos días con Erica y su padre. Necesitaban ayuda y alguien que les distrajera un poco, y para eso yo era la idónea. Me encontré un panorama bastante desolador, pero, poco a poco, fueron recuperando el ánimo. Mi amiga y yo dormíamos juntas en su cama, como tantas veces habíamos hecho de niñas. Casi no cabíamos, pero fue bonito recordar nuestra infancia, todas las ilusiones que teníamos y comprobar que habíamos conseguido cumplir la mayoría.

Estábamos hasta muy tarde recordando anécdotas nuestras y de la madre de Erica. Las dos nos acabábamos durmiendo con lágrimas en los ojos, sin llegar a comprender cómo la vida podía ser tan bonita y a la vez tan despiadada. Mi amiga se había pedido unos días libres en el trabajo, pero yo me tenía que levantar a primera hora para llegar a la oficina. Por las mañanas, al ir a preparar el desayuno, me encontraba en la cocina con Arturo, que ya se había reincorporado al trabajo.

– ¡Buenos días, Dafne!

– ¡Buenos días, Arturo! ¿Has dormido bien?

– Si te digo que sí, te estaría mintiendo.

– Ya me lo imagino. A Erica también le cuesta coger el sueño.

– Pero lo consigue, gracias a que estás tú aquí.

– Era lo mínimo que podía hacer por ella.

– Y por mí, que también me da mucha alegría tenerte en casa.

– Claro, por ti también. Eres… bueno, sabes que te tengo un gran… aprecio.

– Y yo a ti. Ha sido un honor ver como pasabas de niña tímida a la mujer increíble que eres ahora.

– Qué cosas me dices, Arturo. Sigo siendo la misma niña, pero más crecidita.

– Eso es evidente. Pero sigues usando pijamas de unicornios.

– Es que cuando algo me gusta, es para siempre.

– A mí me sucede igual. No paro hasta que lo consigo, por arriesgado que parezca.

Después de hablar con Arturo, me iba a trabajar mucho más animada e incluso acalorada. La visión de ese hombre de buena mañana, en pijama, me hacía desear quedarme a vivir allí para siempre, él y yo solos, y empezar las mañanas de mucho mejor forma. No podía evitar pensar que se había quedado viudo, que ya no era imposible que pudiera suceder algo entre nosotros. Después me atormentaba a mí misma por haber tenido esos pensamientos que harían que Erica no volviera a mirarme a la cara.

Los días iban pasando y Erica seguía sin estar preparada para volver a nuestra casa, no quería dejar a su padre solo. Pero era un piso que nos estaba costando dinero y yo tendría que volver en algún momento. Antes de que muriera su madre, habíamos hablado de pintar las paredes del salón y las habitaciones, así que acordamos que yo me encargaría de eso y, cuando todo estuviera listo, ella volvería. No tenía ni idea de cómo me las iba a apañar, hasta que conseguí al mejor pintor posible.

– ¡Buenos días, Dafne! He oído que es tu último día aquí.

– Así es. Me quedaría eternamente, pero me tengo que encargar de pintar el piso.

– No me digas que también tienes esa habilidad.

– Que yo sepa no. Pero no pienso pagar a un pintor.

– ¿Te interesa uno gratis?

– Claro, pero no creo que eso exista.

– ¿Cómo que no? Lo tienes delante.

– ¿También sabes pintar?

– Hay muchas cosas que sé hacer y las desconoces… todavía.

– Pues te lo agradecería un montón.

– ¿Te parece bien si lo hacemos este fin de semana?

– ¿Pintar? Sí sí, me parece genial.

Imaginarme a Arturo pintando me puso a mil. Me moría de ganas por verlo utilizar la brocha y descubrir cuales eran esas habilidades que decía tener pero que yo desconocía. En cualquier conversación entre un hombre y una mujer, lo sencillo hubiera sido pensar que me estaba haciendo insinuaciones, pero el padre de Erica no era así. O al menos era eso lo que yo pensaba.

Por la tarde, al volver del trabajo, recogí mis cosas con la intención de volver a mi piso. Dentro de la tragedia, habían sido unos dias muy buenos rememorando esa etapa tan bonita que fue nuestra niñez. Pero también tenía ganas de volver a casa y poder dormir yo sola, en mi cama. No podía negar que el trabajo que tenía pendiente con Arturo había supuesto una motivación extra.

– Tía, te voy a echar de menos.

– Pero por poco tiempo. En unos días habremos acabado y volverás a casa.

– ¿Cuánto se tarda en pintar?

– Ni idea, dependerá de lo bien que se le dé a tu padre.

– Yo no lo he visto pintando en mi vida.

– Pues me dijo que era una de sus habilidades.

– Si él lo dice…

– Podrías pasarte y ayudarnos.

– No creo que pueda. Voy a hacer copias de todas las fotos de mi madre, para tenerlas siempre conmigo.

– Está bien. Haz lo que tengas que hacer. Te estaré esperando en nuestra casa.

– Gracias, Dafne, eres la mejor amiga del mundo.

El sábado me desperté temprano y cubrí con plástico el suelo del salón, que era por donde pretendía comenzar. No sabía si era el procedimiento adecuado, pero lo había visto en la tele. Cuando Arturo llegó, nos pusimos manos a la obra. Curiosamente, ambos habíamos elegido el mismo atuendo: una camiseta blanca y unos pantalones grises de chándal.

Estaba acostumbrada a verlo siempre vestido de una forma muy elegante o en pijama. Pero ese aspecto le daba un aire que todavía me encendía más. Tenía cincuenta y tres años, uno más que mi padre, pero parecían de especies distintas. Pasé toda la mañana más pendiente de mirar cómo trabajaba él que de hacerlo yo.

– El salón ya está. Hasta mañana no podremos darle otra capa de pintura.

– ¿Y ahora qué hacemos?

– Vamos a tu habitación.

– ¿Cómo?

– A darle una capa de pintura, para que esté seca cuando te vayas a dormir.

– Pero no he cubierto los muebles ni el suelo.

– No te preocupes, lo hacemos en un momento.

Mover los muebles y cubrirlos de plástico resultó ser una tarea más ardua que pintar. Los dos acabamos sudando y nos tuvimos que sentar sobre mi cama plastificada para recuperarnos del esfuerzo. Después retomamos la tarea de pintar. Para entonces, ambos estábamos bastante manchados de pintura.

– Nos vamos a tener que dar una buena ducha.

– ¿Qué?

– Para quitarnos la pintura. Oye, te veo muy despistada.

– Sí, no sé en qué estaba pensando.

– ¿Te parece bien si paramos por hoy? Mañana aplicamos las segundas capas.

– ¿Y la habitación de Erica?

– Podemos dejarla para el final, es la que menos prisa corre.

– Quieres tenerla más tiempo en casa, ¿verdad?

– Pues sí… y también me gustaría tenerte a ti.

– Soy como tu segunda hija.

– Dafne, siempre has sido mucho más que eso.

– ¿Qué quieres decir?

– Olvídalo, nos vemos mañana.

Esperando a que se arrepintiera y quisiese seguir con la conversación, fui detrás de él cuando salió de mi cuarto. Pude ver cómo se quitaba la ropa para ponerse unas prendas limpias que llevaba en su bolsa. Sus palabras y la visión de su cuerpo semidesnudo, hicieron que mi imaginación se atreviera a volar más que nunca. Deseé saltar sobre él y poseerlo ahí mismo, en el suelo cubierto de plástico de la casa que compartía con su hija.

No fui capaz de intentar retenerlo, pero en cuanto se fue, me metí corriendo en la ducha, con más intención de darme placer con la alcachofa que de quitarme las manchas de pintura que cubrían mis brazos y mi cara. Recordé sus últimas palabras, su vientre plano, su torso amplio cubierto por una mata de pelo todavía oscura, sus brazos fuertes y su abultado paquete bajo los calzoncillos. Con el chorro de la ducha apuntando hacia mi clítoris, tuve un orgasmo que hizo que me temblaran las piernas.

Llegados a ese punto, ya no era momento para dilemas éticos. Si Arturo quería y estaba dispuesto a mantener el secreto, yo estaba más que decidida a cumplir un deseo que tenía desde la adolescencia. Me daba igual si un psicólogo opinaba que estaba buscando la figura paterna que no había tenido en mi casa. Puede que fuese un problema de la mente, pero yo lo sentía, hablando claro, en el coño.

El domingo me desperté temprano y me preparé para recibir a Arturo. La vestimenta para pintar no daba para algo más provocativo, así que decidí prescindir del sujetador y ver si mis pezones marcados le sugerían algo. Si no era así, tenía preparado un plan alternativo que no lo iba a dejar indiferente.

Llegó a la hora acordada y entró al cuarto de baño para cambiarse. En esa ocasión, había optado por una camiseta sin mangas, lo que le daba un aire aún más masculino y excitante. Nos pusimos manos a la obra con la segunda capa de pintura del salón. Quizás fuese cosa mía, pero tenía la sensación de que me estaba tocando más de la cuenta. Me colocaba una mano en el hombro al hablarme, me tocaba la cintura al pasar por mi lado e incluso, en una ocasión, teniendo mucho espacio para pasar, lo hizo pegado a mí, restregando su pene contra mi culo.

Aunque parecía que la tensión sexual iba en aumento, él no se atrevía a dar más pasos que esos. Yo buscaba la forma de hacerlo sutilmente, sin meter la pata, pero cada vez estaba más cachonda, incapaz de pensar en nada que no fuera echarle un polvo salvaje.

– Arturo, ¿no crees que ayer dejamos una conversación a medias?

– No, creo que no.

– Me dijiste que siempre había sido mucho más que una hija para ti.

– Es que te conozco de toda la vida, pero nunca te he visto como una hija.

– ¿Y cómo me ves?

– Desde que te desarrollaste, siempre te he visto como una jovencita preciosa.

– Como muchas otras.

– Pero a ti te tenía siempre en mi casa, te veía crecer… todo.

– ¿Te refieres a mi cuerpo?

– Dafne, siempre te he deseado, pero sabes que no puede ser.

– Yo también te deseo.

– Eso lo sé desde hace mucho tiempo. Y también sé el motivo.

– Da igual el porqué, lo importante es que quiero que me hagas tuya.

– Imagínate si Erica lo supiera.

– Yo no se lo pienso decir.

– Olvídalo, no puede suceder.

– Lo entiendo. Pásame la botella de agua.

Si pensaba que me iba a rendir, era porque no me conocía lo suficiente. Fingiendo torpeza, derramé gran parte del contenido de la botella sobre mi camiseta blanca, haciendo que mis oscuros pezones aparecieran como por arte de magia ante los ojos de Arturo, que no dudó en clavar su mirada.

– Por dios, Dafne, ve a cambiarte esa camiseta.

– Tengo toda mi ropa en el armario y está plastificado.

– Pues coge algo de mi hija.

– La poca ropa que no se llevó está en cajas, en la parte alta, no llego.

– Ya voy yo.

Era mi momento. Una vez llegó a la habitación de Erica y rebuscó en la parte alta del armario, aparecí por su espalda y lo tumbé en la cama de su hija de un empujón. Me senté a horcajadas sobre él, para que no pudiera huir. Le metí la mano por debajo del pantalón, aunque quisiera negarlo, estaba duro como una piedra.

– Piénsalo bien, Dafne, no merece la pena.

– Mírame las tetas, Arturo, y dime que no te las quieres comer.

– No puedo decirte eso, porque no sería verdad.

– Dime que no quieres agarrarme el culo con fuerza.

– También sería mentira. Te asustaría la cantidad de años que llevo deseándolo.

– ¿Eres capaz de decirme que no quieres saber cómo de caliente, húmedo y estrecho tengo el coñito?

– Siempre me lo he preguntado, desde que eras virgen.

– Fóllame, por favor, cumple mi sueño de adolescencia.

Sentada sobre él, notaba cómo su polla se endurecía cada vez más. Luchaba por contenerse, hasta que me cogí las dos tetas, las apreté y se las puse delante de la cara. No pudo aguantar más. Tiró de mí y se metió uno de mis pezones en la boca. Yo empecé a mover mis caderas, jugando con su tranca entre mis piernas.

Con una mano me seguía estrujando en seno que chupaba, la otra la metió bajo mi pantalón, para apretar una de mis nalgas. Notaba como los fluidos escapaban por mi vagina, pidiendo ser penetrada por el padre de mi mejor amiga.

– No aguanto más, Arturo, métemela.

– Estamos en la cama de mi hija.

– ¿Eso te supone un problema?

– No, me da mucho más morbo.

Continuará…

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Los albañiles me partieron el culo

Mi nombre es Alexandra, tengo 28 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita y ojos color café claro me gusta maquillarme y usar labiales rojos. En esta ocasión les quiero relatar una fuerte experiencia que tuve con unos albañiles cuando era una chica universitaria de 21 años.

Como se podrán imaginar a esa edad yo estaba en plena flor, tenía bonita figura ya que desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado sobre todo cuando uso jeans, se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito apretando mi zona intima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave.

Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

En aquel entonces yo estudiaba en la universidad la licenciatura en administración, y el semestre había terminado por lo que yo estaba de vacaciones y me la pasaba todo el día en casa. Mis padres estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco ya que ahí se encontraba la escuela donde estudiaba. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica, y tenía un horario muy extenso, se iba desde las 7 de la mañana y regresaba aproximadamente a las 8 de la noche.

Un día escuché que mi mamá estaba hablando con un señor, se trataba de un maestro albañil que le habían recomendado para hacer una remodelación en nuestra casa. Mi mamá le dijo que si podía ir al día siguiente por la mañana ya que era sábado y ella descansaría, por lo que podría recibirlo para que le hiciera el presupuesto. Como yo siempre he sido muy vanidosa, al saber que iba a llegar gente a la casa, me levante temprano, me bañe y me peine aplicando una crema para el cabello que me lo deja fresco y con aroma a coco, me vestí muy coqueta con una blusa amarilla de tirantes que me quedaba arriba del ombligo, decidí no ponerme sostén porque quería se notaran mis pezones en la blusa, un short blanco muy pequeño que resaltaba mis nalgas y me puse mis tenis blancos. Por lo que me veía como una jovencita atractiva y fresca.

De pronto escuche que tocaron el timbre y mi mamá me pidió que abriera la puerta. Así que fui a ver quién era y al abrir la puerta vi al Maestro albañil.

– Hola, buenos días, soy Don Felipe. – Me dijo recorriendo mi cuerpo con su mirada.

– Hola buenos días soy Alexa, la hija de la señora que lo llamó. – Le contesté muy dulcemente.

Él era un hombre rudo y fuerte, moreno claro, con barba, de aproximadamente 40 años. Venía acompañado de sus 6 ayudantes, todos ellos de aproximadamente 35 a 38 años, también morenos claros, rudos, algunos tenían tatuajes en los brazos y se podía ver que sus cuerpos estaban curtidos por el trabajo duro. Pude notar que se me quedaron viendo directamente a los senos de forma lasciva, pues mis pezones estaban levantados ya que me acababa de bañar y con el frio se me ponen duritos y muy lindos.

– ¿Está tu mamá? – Me preguntó mientras me miraba mis pezones duritos.

– ¡Sí, pasen por favor! – Respondí con mi voz de escuincla cachonda.

Los fui guiando hasta la sala mientras caminaba muy femenina contoneando mi trasero pues yo sabía lo que tenía, mi culito se veía hermoso, muy bien formadito. Subí a la habitación de mi mamá.

– Mami ya llegaron los albañiles, los dejé pasar y están esperándote en la sala.

– Ah, está bien hija. Diles que ahorita bajo que, me esperen tantito por favor.

– Dice mi mamá que ahorita baja que, la esperen tantito por favor. – Les dije de forma dulce y coqueta.

– Sí está bien niña, aquí la esperamos. – Todos ellos me estaban cogiendo con la mirada, me puse muy nerviosa y mis pezones se me alargaron levantando la tela de la blusa.

– Hola, buenos días. – Dijo mi mamá bajando las escaleras.

– Hola, buenos días. Soy Don Felipe y ellos son mis chalanes.

– Mucho gusto, yo soy la señora Rocío. – Les dijo mi mamá a los albañiles.

– Usted me comentó que quiere le hagamos una remodelación ¿Verdad? Si gusta decirme que tipo de trabajo necesita que le hagamos, para hacerle el presupuesto. – Les cuestionó Don Felipe.

– Sí, por favor, acompáñenme al patio trasero. – Todos salimos al patio trasero para que mi mamá les explicase mejor.

– Debido a la delincuencia que se está dando en esta zona, me da miedo que alguien pueda saltarse por las bardas del patio. Entonces me gustaría que levanten la barda un metro más y que le pongan alambre de púas. También quisiera que la barda quedara con un acabado igual al que ya tiene, para que no se vaya a ver fea, y que la pinten del mismo color.

– Ah, muy bien señora. Entonces déjeme tomar unas medidas.

El maestro albañil junto con sus chalanes, comenzaron a tomar medidas con una cinta métrica. Al terminar hizo algunas llamadas desde su celular preguntando por precios de materiales. Después de unos minutos le hizo el presupuesto a mi mamá.

– Este tipo de trabajo lo podemos terminar muy rápido, aproximadamente en 4 días y quedaría muy bien. Podríamos comenzar a trabajar el día lunes. – Le propuso Don Felipe a mi mamá.

– Me parece muy bien, entonces aquí los esperamos eh.

Los acompañamos hasta la puerta, yo me fui caminando por delante de ellos disfrutando de sentirme mirada por esos hombres fuertes. Nos despedimos y les dije que los esperábamos el lunes.

Todo el fin de semana me la pasé teniendo pensamientos morbosos sobre las cosas que podría hacer con esos hombres para estarlos provocando durante esos 4 días. Yo había perdido la virginidad desde muy chica y disfrutaba mucho de masturbarme y tener pensamientos eróticos, pues por mis atributos físicos toda mi vida había sido asediada por los hombres y aprendí a disfrutarlo.

Mi mamá me pidió que de favor a partir del lunes estuviera al pendiente de la casa, por si se les ofrecía algo a los albañiles, me reí por dentro ya que yo era quien se les iba a ofrecer. Me comentó que ella dejaría algo de comida para que les ofreciera y dinero por si necesitaba comprar algo.

El día lunes, me levanté muy temprano por la mañana para arreglarme. Quería verme muy sexy, así que me peiné y maquillé. Para vestir elegí unos jeans blancos con rasgaduras al frente y una ligera rasgadura debajo de la nalga derecha, una blusa negra de tirantes escotada y unos tacones negros y altos. Estaba muy nerviosa y ansiosa por que llegaran, para que me vieran así de linda, arreglada para ellos. De pronto escuché el timbre y abrí la puerta, ahí estaban todos ellos, mis hombre fuertes y rudos a los que había elegido para seducir y sentirme muy deseada, estaba en mi casa y nadie lo sabría. Ellos se me quedaron viendo con mucho morbo, eran miradas sucias, las que recibí directo a mi culito esta vez, pues los jeans blancos y ajustados marcaban mi figura a la perfección y se podía ver mi vagina con sus labios apretados por la tela, las rasgaduras que dejaban ver la piel de mis piernas invitaban a que me tocaran, aunque aún no era momento.

Así que entraron a la casa cargando sus herramientas y yo los guie para que me fueran comiendo el culo con su mirada, pues la tela estaba tan ajustada que me separaba ligeramente las nalgas y las levantaba, llegamos al patio trasero dejaron sus herramientas y comenzaron a descargar de una camioneta algunos bultos de cemento, tabiques, arena y demás material para construcción. Yo me fui a sentar en el sofá de la sala muy sexy, bajé los tirantes de mi blusa, para mostrar un poquito mi sostén y ellos pudieran verme cada que pasaran.

Los albañiles, continuaron con sus labores y más tarde cuando ya iba a ser la hora de la comida, subí a mi habitación para retocarme el maquillaje y peinarme.

Estaba muy nerviosa y excitada pues quería seducirlos mostrándoles un poco más de mi cuerpo, me miré en un espejo grande y comencé a tocar mis senos y estimulé mis pezones, frotaba mi vagina pasando mi mano sobre el pantalón ajustado, sentí como lubriqué y mojé mis jeans dejando una pequeña macha de humedad, después metí las manos en mi sostén para levantar más mis senos y que mis pezones quedaran ligeramente visibles, solamente dejé abajo un tirante para que la blusa cayera un poco y se viera mi sostén negro, era una lencería de mi marca favorita victoria´s, bajé y salí al patio para invitarles a pasar al comedor, se sentaron y comencé a servirles en sus platos.

Cada que me acercaba a uno de ellos para servirles de comer, me sentía su zorra, les arrimaba mis nalgas hasta sentir mi pantalón rosando con sus brazos, un par de veces deje caer cubiertos al suelo para recogerlos, era el pretexto perfecto para inclinarme y mostrarles mi culito que ya estaba bien mojado, así como mis senos que casi se salían del sostén al inclinarme. Los albañiles no paraban de voltear a verme con miradas morbosas, como si quisieran meter su lengua en mi vagina y comérsela a lengüetadas. Miraban mis senos lascivamente, sentía como mis pezones se endurecían cada que los volteaban a ver.

Esa misma rutina estuve siguiendo los primeros 3 días, cambiando mis looks y siempre ofreciéndoles mi cuerpo en cada oportunidad. Los albañiles ya iban avanzados en su trabajo, los escuché decir que al día siguiente en la tarde terminarían. La casa es de dos pisos y mi habitación esta arriba, así que como estaba un poco aburrida me subí a descansar. En mi habitación hay una ventana en dirección al patio trasero, pude ver a los albañiles sentados platicando y escuche decían cosas muy morbosas sobre mí.

– ¡Esa morrita está bien buena!

– ¡Sí, dan ganas de meterle la verga bien duro!

– ¿Si le viste las tetas güey?

– Sí, no mames me daban ganas de agarrárselas y mordérselas.

– Yo cuando me estaba sirviendo de comer el otro día quería meterle la mano entre las nalgas.

– A mí me dan ganas de romperle su culito.

– Sí, yo se la metería bien duro por atrás.

Al escuchar esos comentarios, sentí miedo pues estaba sola en mi casa y ellos eran 7 hombres adultos, fuertes que estaban deseosos de cogerme, y peor aún ya estaban hablando de cogerme analmente, pues querían reventarme el culo y en ese momento yo no estaba preparada.

Me puse muy nerviosa pero también muy excitada y comencé a tocarme los senos, mis pezones estaban muy sensibles y mi vagina muy lubricada, me ruboricé mucho y me masturbé mientras los miraba a escondidas por la ventana y seguía escuchando todo lo que les gustaría hacerme. En ese momento decidí que quería ser suya, me surgió un fuerte deseo morboso de ser penetrada por todos ellos y que saciaran sus ganas conmigo, deseaba sentirme sumisa y vulnerada.

Esa noche antes de que mi mamá regresara de trabajar, fui a comprar unas cervezas para ofrecérselas a los albañiles al día siguiente y las guardé en mi habitación, después fui a la habitación de mi mamá y busque dentro de los cajones de su recamara, ya que como es enfermera tiene acceso a medicamentos para la impotencia que se trae de la clínica para dárselos a su actual pareja. Después de hurgar en su cajón, encontré unas cajas con tabletas azules, ¡Viagra! Entonces saque 7 tabletas una para cada uno de los albañiles.

Sexo anal

Como ya les había comentado soy una chica que ha explorado en su sexualidad muy rápidamente, por tanto, ya me había convertido en una experta practicado el sexo anal con mi novio Eduardo. Así que fui a mi recamara y busqué mi enema para limpieza anal y un plug anal con adorno de corazón que había comprado desde hace unos años. Entre a bañarme y me apliqué varias veces el enema hasta quedar limpia y me puse en el ano un lubricante intimo que siempre traigo en mi bolso, comencé a introducirme el plug en el ano muy suavemente, sentí una punzada, pero fue pasando. Me dormí desnuda con el plug anal dentro de mi ano toda la noche, para estar muy dilatada por la mañana.

Desperté muy cachonda, con las hormonas al máximo pues estaba en mis días fértiles y lubricaba mucho, cada rosé de las sábanas con mi piel era una delicia, me sentía mujer, muy femenina y tan dilatada que ya no sentía el plug en mi ano, pues me había acostumbrado a su grosor. Así que me levanté y me aplique el enema nuevamente para asegurarme de estar limpia, me depile completamente pues soy una mujer muy vanidosa, y me bañe con agua caliente enjabonándome el cuerpo muy sensualmente, me di mucho cariño, me sentía muy excitada. Me puse lubricante en el ano y coloqué de nuevo el plug.

Me puse una crema con aroma a coco que dejo mi piel deliciosamente suave, me puse una tanguita muy erótica color negra de mi marca favorita y decidí no usar sostén ya que me gustaba mucho la forma natural de mis seños, pues estaban muy firmes.

Elegí un vestido blanco de tirantes delgados, estaba muy cortito me quedaba a tres dedos debajo de mis nalgas, era de una tela muy delgada y me quedaba muy ajustado mostrando mi figura perfectamente, mis pezones quedaban marcados levantando la tela, hacia lucir mi culito hermoso, y tenía un escote muy pronunciado que dejaba ver en medio de mis senos. Me puse tacones plateados y altos que tenían unos retoques de brillantes. Alacié mi cabello castaño claro y largo. Me maquillé y puse labial rojo, pestañas postizas, mis arracadas de plata 925 y además me puse un perfume muy fino, que solo usaba en fiestas. Quede hecha una princesa, lista para que esos hombres me cogieran brutalmente, pues es lo que buscaba.

Antes de que llegaran bajé a la cocina para preparar carne tártara, pues el día seria caluroso y me pareció que les gustaría comer eso, pues se acompaña muy bien con una limonada.

Estaba tan nerviosa que no tenía ganas de desayunar, absurdamente sentía mariposas en el estómago, me temblaban las manos pues, esos albañiles me verían como los perros ven un pedazo de carne. Fui a la habitación de mi mamá y tomé una botella de vodka que tenía en su cajón. Le di un buen trago con el estómago vacío.

Después de unos minutos sentí como mi cara se ponía caliente por el efecto del alcohol, me sentí muy cachonda, mi vagina lubricaba mucho. Sentía un delicioso calor y sensibilidad en mi ano con el plug anal puesto. Unos minutos después escuché el timbre, tomé las cervezas que escondí en mi cuarto y bajé con ellas para meterlas en el refrigerador, después caminé hacia la puerta dejando el aroma de mi perfume por toda la casa.

Miré por la ventana y pude ver que eran los albañiles, me estremecí y sentí mucho temor, así que no abrí, fue hasta que tocaron el timbre de nuevo que tomé valor y les abrí. Al verme se quedaron callados, sentí que me estaban devorando con sus miradas morbosas, mis senos se pusieron firmes y sentí como se erizaba mi piel levantando mis pezones tras la tela del ajustado vestido, mi vagina estaba hecha un rio, casi podía sentir sus vergas atravesándome. Les pedí que pasaran y los acompañé de nuevo al patio para que fuesen detrás de mi comiéndome el culo con sus miradas.

Llegamos al patio y les comenté que me gustaba mucho el trabajo que estaban haciendo y les pregunté que si ese mismo día terminarían y me dijeron que sí. Se quedarían hasta las 8 de la noche que llegara mi mamá, para entregarle la obra que hicieron y retirarse. Sali del patio para que ellos continuaran con su trabajo y me senté en el sofá de la sala a ver televisión.

Cuando vi que comenzaba a hacer un poco de calor, fui a mi habitación por las tabletas de viagra, yo quería provocar más a esos albañiles, y con esas pastillas sabía que sus vergas se pondrían mucho más duras y mantendrían la erección mucho más tiempo, que les puedo decir era una chica muy cachonda y quería ser cogída durante horas sin parar.

Preparé una limonada y la vacié junto con las 7 pastillas en la licuadora, dejé remojar unos minutos para después encender la licuadora y disolverlas perfectamente.

Subí mi vestido un poquito más, justamente donde comenzaban mis nalgas y bajé uno de los tirantes del vestido para descubrir un poco mis senos sin que llegaran a verse mis pezones. Servi siete vasos y se los fui llevando a cada uno de los albañiles diciéndoles que se los preparaba con mucho cariño, mientras ellos miraban mis suaves y hermosos senos. También les ofrecí algunas tostadas de carne tártara y comí junto con ellos. Me dieron las gracias y me retiré a mi habitación durante una hora en lo que hacían efecto las pastillas.

Cuando llegó el momento fui a la habitación de mi mamá que está al lado del mío y me llevé la botella de vodka a mi habitación, me serví en un vaso de cristal hasta la mitad, sabía que era demasiado alcohol, y que si lo tomaba se me iba a subir muy rápido ya que no había desayunado, pero yo quería alcoholizarme completamente para no poner resistencia a nada, quería que me cogieran brutalmente e hicieran con mi cuerpo cuanto quisieran esos albañiles sucios y rudos.

Así que me tomé el vodka de un trago, a los 5 minutos sentí como se me adormeció la cara y me comencé a sentir muy cachonda y desinhibida, tanto que comencé a tocar mis senos y frotar mis pezones frente al espejo de mi habitación quedaron muy levantados y duros. Baje mis manos para introducir tres dedos en mi vagina lo que me hizo soltar algunos gemidos.

Ya era el momento de ofrecerme completamente a esos albañiles, estaba sola en mi casa y mi mamá llegaría hasta las 8 de la noche, me sentí, desprotegida, vulnerable, a merced de esos hombres.

Saqué del refrigerador los dos six de cerveza muy fríos y los deje en mi habitación. Volteé a verme en el espejo y me levanté el vestido descubriendo la mitad de mis nalgas, para ofrecerles una hermosa vista de mi culito bien caliente y lubricado, así como de mis deliciosas piernas de jovencita universitaria.

Enseguida con suavidad retiré el plug de mi ano, sentí muy rico cuando salió y vi escurrir lubricante entre mis nalgas, en ese momento creí que mi ano ya estaba listo para ser penetrado violentamente por esas vergas que estarían reventando de gruesas. Me bajé los dos tirantes del vestido, jalé la tela un poco hacia abajo para dejar mis pezones rositas completamente descubiertos, estaban muy duros y sensibles.

Saqué el lubricante vaginal de mi bolsa y lo dejé en la cama. Bajé las escaleras sintiéndome muy alcoholizada y con la vagina mojada. Salí al patio trasero con el corazón latiendo rápido, el abdomen se me contraía de los nervios, estaba frente a los albañiles, podían verme los pezones de fuera y el vestido mostrando la mitad de mi culito.

– Hola chicos ¿Les gustaría descansar tantito para tomarnos unas cervezas? –  Les dije con mi voz nerviosa, dulce y cachonda de escuincla, sintiendo mis pezones excitados y descubiertos ante ellos.

– ¡Sí, está bien! – Los albañiles no podían dejar de verme los pezones.

– Nada más que, me gustaría que nos las tomáramos allá arriba en mi habitación, es que ahí me voy a sentir más cómoda. – Cuando les dije eso me sentí muy sensible y femenina, estaba invitando a esos albañiles a mi habitación, era mi lugar especial, donde me sentiría cómoda para entregarme completamente a ellos.

– ¡Ah! ¡Sí está bien! – Me dijeron recorriendo mi cuerpo con sus miradas.

– ¡Si gustan venir, ya tengo las cervezas en mi habitación! – Mi vagina estaba muy caliente y lubricada, podía sentir mi tanguita mojada.

Me di la vuelta y comencé a caminar muy femenina con mi vestido mostrándoles la mitad de mi culito, cuando ya íbamos subiendo las escaleras fui levantando el vestido con mis manos hasta dejar completamente descubiertas mis nalgas. Casi sentía sus lenguas lamiéndome el culo. Llegamos a mi habitación y les di una cerveza a cada quien, la destaparon y comenzaron a tomar.

Ya que tenía a esos hombres con su cerveza en mano, me moría de ganas por desnudarme ante ellos, así que me quité el vestido muy lentamente, quedando mis senos completamente expuestos ante ellos, mis pezones nunca los había sentido tan excitados. Me dejé puestos los tacones, me recosté en la cama boca arriba y abrí mis piernas para mostrarles mi zona íntima a esos albañiles vulgares y morbosos. Lo único que me hacía sentir protegida en ese momento era mi tanguita negra que ya estaba completamente mojada.

Entonces Don Felipe, se acercó a mí y se lanzó sobre mis senos, comenzó a lamerlos delicioso, podía sentir su lengua pasando sobre mis pezones duros, me los estaba comiendo a lengüetadas, succionaba mis pezones como si me los quisiera arrancar. Los otros seis albañiles me rodearon y comenzaron a tocar mi cuerpo, podía sentirme acariciada de pies a cabeza, no había una parte de mi cuerpo que no estuviera siendo tocada. Don Felipe terminó de lamer mis senos y sin perder tiempo tomó mi tanguita y me la quitó de un jalón, eso causó un fuerte sentimiento en mi abdomen, me sentí desprotegida, muy vulnerable y cachonda.

Entonces Don Felipe les dijo a los demás albañiles que me abrieran las piernas. Ellos disfrutaban acariciándolas y lamiéndolas desde la entrepierna hasta las pantorrillas. Otros de ellos se lanzaron sobre mis senos y comenzaron a comérselos, mientras el Maestro albañil se comía mi vagina como una bestia, metía su lengua muy rico, podía sentirla moviéndose deliciosamente en mi interior arrebatándome fuertes gemidos. Sentí como lamía y succionaba mis labios internos y externos, mientras estimulaba mi clítoris con sus dedos sucios de cemento.

– ¡Cójanme! ¡Quiero que me cojan muy fuerte hasta cansarse! ¡Pueden hacer conmigo lo que quieran! No se preocupen no le diré nada a mi mamá. Esto es lo que yo quería, que me cogieran entre todos. ¡Quiero que me duela mucho…! – Yo estaba tremendamente excitada, jamás había estado con tantos hombres a la vez.

Cuando los albañiles escucharon lo que les dije, me levantaron de la cama para llevarme al suelo y me hicieron arrodillarme, se quitaron las playeras y pude ver sus cuerpos fornidos y tatuados, comenzaron a desabrochar las hebillas de sus cinturones, ese sonido del metal de sus hebillas, me hacía saber que iban a sacarse sus vergas para que se las mamara, entonces ellos se bajaron los pantalones y se los quitaron por completo, pude ver como sus vergas estaban muy ensanchadas, reventaban de gordas, yo sabía que era por las pastillas de Viagra que les disolví en la limonada, tenía frente a mi 7 vergas algunas muy gruesas, otras más largas, todas capaces de hacerme sentir mucho placer o dolor según como ellos quisieran.

Se pusieron a mi alrededor y me tomaron de mi cabello largo y castaño, de una forma muy tosca, me lastimaban al jalarlo, pues me empujaban contra sus vergas haciendo que me las tragara hasta la garganta, lo que me atragantaba y me causaba ganas de volver el estómago, pero lo soporté, me sacaban lágrimas, me sentía utilizada, y comencé a disgustarme porque me estaban tratando de una forma muy agresiva, no terminaba de mamársela a uno cuando otro ya me estaba jalando del cabello para atragantarme con su verga que entraba hasta el fondo de mi garganta, dejando mis labios rojos pegados hasta la base de su verga, así estuvieron peleándose por meter sus vergas en mi boca durante unos 15 minutos. Pude verme en el espejo y tenía el rímel escurrido por mis lágrimas de atragantamiento.

Uno de ellos me levantó jalándome del cabello y me dio una bofetada no muy fuerte, pero me dejo ardiendo la mejilla, supe que solo lo hizo para castigarme, pues yo les pedí que me causaran mucho dolor, así que me aventó a la cama.

– ¡Estás bien buena mamacita! ¡Tienes un culo bien rico! ¡Empínate para metértela por el culo! – Obedecí para que no me fuera a golpear otra vez. Me excitó mucho sentirme sumisa.

Me incliné extendiendo mis brazos y dejando pegados los senos sobre el colchón, curveando mi espalda hacia abajo, dejando completamente empinado mi hermoso y suave culito con forma de corazón, mi ano rosita y lubricado estaba siendo entregado a ese albañil sucio para que me embistiera brutalmente, sentí mucho miedo porque él era quien tenía la verga más larga y gruesa de todos, estaba mucho más gruesa que el plug anal, así que mi ano nunca había recibido una verga tan grande y no estaba preparado todavía, sentí como con sus manos toscas y sucias me abrió las nalgas y coloco la punta de su verga en mi ano, me tomo muy fuerte de la cintura.

– ¿Quieres que te la meta toda de golpe?

– Sí, me gusta mucho sentir que me la meten muy fuerte, ustedes cójanme, aunque me duela mucho.

– Ya métele toda la verga. Sí, ya métesela, se ve que es bien puta la morrita. – Dijeron los demás albañiles, ansiosos de ver cómo me rompían el culo.

– ¡Sí, ya cógeme! ¡Cógeme! – Le rogaba que me rompiera el culo, le arrimaba mis nalgas empinadas.

El albañil me dio un fuerte jalón contra su cuerpo al mismo tiempo que empujo su verga embistiéndome salvajemente, sentí como mi ano se abrió desgarradoramente, me provocó un tremendo ardor y una punzada horrible en mi ano, esa verga se abrió paso en mi interior brutalmente, sentí como topó a fondo en mi interior, dejando a su paso un ardor insoportable.

– ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! – Grité muy fuertemente, estoy segura que se escuchó hasta la calle.

Mi ano estaba punzando, fue una sensación muy dolorosa, como si tuviese fuego por dentro. Rompí en llanto del que no te deja hablar, tenía mucho sentimiento y contrastantemente el saberme tan lastimada me causo un placer que superaba por mucho el dolor causado. Aquella sensación de estar siendo vulnerada y lastimada tan fuertemente me causó un placer delicioso digno de una masoquista.

– ¡¿Te duele mucho morrita?! – Me preguntó morbosamente el albañil, mientras me restregaba su verga hasta el fondo, como si quisiera llegar más adentro.

– ¡Sí, me duele! – Le dije con mi llanto entrecortado, haciéndole señas con la mano para que continuara- . ¡No te detengas! ¡Sigue!

El albañil sacó su verga por completo, para ensartarla nuevamente de forma muy violenta, hasta el fondo de mi culo. Sentí como mi ano se abrió de forma intempestiva provocándome un fuerte ardor y la punzada se volvió más dolorosa, pues mi culo estaba siendo penetrado brutalmente. Pude escuchar el sonido del impacto de su cuerpo contra mis nalgas.

– ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! – Yo estaba sufriendo mucho, pero el placer por el dolor era una delicia.

El hombre continuó sacando su verga por completo y ensartándola profunda y violentamente. Mi ano estaba siendo forzado a recibir esa verga que entraba a empujones, desgarrando mi ano con cada embestida que me daba. Así transcurrieron aproximadamente 5 minutos de tormento. Paulatinamente el dolor fue despidiéndose, para dar llegada al placer absoluto.

– ¡Aaay! ¡Que rico! ¡Cógeme! ¡Más rápido! ¡Más duro! – Yo estaba gozando muchísimo- . ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Ay que rico! ¡Aaay! ¡Aaajjj!

Sentía un calor delicioso en mi ano, era ya una necesidad de sentir su verga entrando hasta el fondo y saliendo de mi interior, cada que la sacaba deseaba mucho que me la volviera a ensartar.

– ¡Aaajjj! ¡Que rica verga tienes! ¡Aaay! ¡Me lastimaste! ¡Aaajjj! – El albañil me lastimaba al impactar dentro de mi culo con la punta de su verga.

– Pero bien que te gusta putita, se ve que disfrutas mucho que te la meta bien duro. –  Yo le apretaba la verga con mi esfínter anal, como si se la mordiera con el ano.

– ¡Cógeme más duro! ¡Aaay! ¡Que rico! ¡Así, más rápido! ¡Se siente bien rico! ¡Ay que rico! ¡Me arde muy rico! ¡Fuck me! ¡Fuck me! – Yo aventaba mis nalgas contra el albañil, quería que me la ensartara más adentro, sentía delicioso.

Dicho esto, el albañil me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló contra su verga violentamente, comenzó una penetración frenética. Sentía mi culo adolorido y cansado, podía escuchar el sonido del impacto de nuestros cuerpos al estar piel con piel. Me jalaba del cabello hacia atrás y me dolía, así que yo aventaba mis nalgas contra su verga para atenuar el dolor. Continuó penetrándome analmente aproximadamente 15 minutos hasta que escuché los jadeos del albañil que se estaba corriendo, unos chorros de semen caliente, estaban llenándome por dentro, me sentí muy excitada, pues ese hombre acababa de eyacular en mi interior, haciéndome su zorra.

Entonces saco su verga de mi ano y sentí como su semen salía de mi ano y se derramaba en las sábanas.

– ¡Ay güey, se le quedó abierto el ano! ¡Se puede ver adentro de su culo! ¡No mames, le abriste el culo! – Dijeron los demás albañiles, al ver mi ano dilatado.

– Sí, esta morrita está bien buena, se siente bien chingón meterle la verga. Tiene el culo bien caliente por dentro, aprieta bien rico y está bien limpia, se ve que ya se la habían cogido por atrás.

Entonces introduje los dedos en mi ano y pude sentir que estaba totalmente abierto, perdí la fuerza en el esfínter anal y quedó dilatado listo para seguir recibiendo más vergas, al mirar mis dedos mojados de semen pude ver que también había sangre y eso me excitó mucho pues fue el resultado de una penetración anal violenta, que me hizo sentir mucho dolor y ser vulnerada por ese hombre. Los otros 6 albañiles continuaron turnándose para penetrarme analmente hasta eyacular todos en mi interior. Mientras esperaban su turno para penetrarme, me tocaban los senos y me atragantaban con sus vergas. Así lo hicimos aproximadamente durante una hora.

Tomé la botella de vodka y le di un buen trago, que me dejó rendida, y mi entrega hacia esos hombres se volvió mayor.

– Me gustaría que me penetren anal y vaginalmente al mismo tiempo. – Les propuse muy ebria y cachonda, con mi voz de escuincla ninfómana.

– Te cogemos como quieras mamacita. Quien se iba a imaginar que, fueras tan puta, se ve que te encanta la verga ¿Verdad?

– Sí, me gusta mucho que me cojan, se siente muy rico. Quiero que me sigan cogiendo muy fuerte.

– Esta morrita me pone bien dura la verga. A mí ya se me puso bien dura otra vez. También a mí, ya la tengo bien pinche dura otra vez. – Se comentaban sorprendidos entre ellos.

Yo sabía que el viagra estaba haciendo efecto y que en consecuencia me iban a seguir disfrutando mucho. Entonces uno de ellos se acostó en la cama boca arriba con su verga bien ensanchada, erecta, descubierta y babosa de semen. Me monté sobre aquel hombre puse la punta de su deliciosa y jugosa verga en mi vagina y simplemente, me dejé caer rendida ensartándome ese miembro viril venoso.

Yo no tenía fuerzas en mis piernas, su verga se abrió paso en mi interior, a través de mis paredes vaginales, sentía como mi cuerpo se complementaba era como si mi vagina hubiese estado esperando desde hace tiempo una verga gorda y larga que la llenara, el albañil me tomó de las nalgas y me llevaba hacia arriba y hacia abajo cogiéndome a su antojo, puso sus manos en mis senos, los frotaba y pellizcaba mis pezones, me excitaba mucho, tenía los pezones muy duros y me castigaba pellizcándolos muy fuerte y jalándolos, cuando de pronto sentí otro hombre detrás de mí que se colocó pegado a mis espaldas y me inclino, sentí como coloco su verga gruesa en la entrada de mi ano y me lo fue ensartando hasta el fondo, en ese momento ya tenía dos vergas dentro de mí, era delicioso sentir una verga en la vagina y otra en el ano, podía sentir como esas dos vergas entraban hasta el fondo topando en mi interior muy fuertemente.

Cada verga iba a su ritmo, mi vientre se sentía muy cálido, constantemente sentía contracciones en mi abdomen, mis senos estaban muy sensibles y excitados ya que el albañil que estaba atrás de mi penetrándome analmente, me abrazaba y acariciaba los senos mientras me lamía el cuello.

– ¡Ay que rico! ¡Aaajjj! ¡Aaay! ¡Sí! ¡Aaajjj! ¡Aaay, que rico! ¡Sí! ¡Cójanme rico! ¡Más fuerte! ¡Más! ¡Más! ¡No se detengan! ¡Aaay, que rico! – Me estaba sintiendo muy querida y gozada por esos hombres.

Doble penetración

Súbitamente un sentimiento de vulnerabilidad me invadió y me erizó la piel. No tenía fuerza en las piernas, las sentía entumidas, un calor en mi vagina me estaba avisando que venía un orgasmo que, sería fuerte pues estaba experimentando una doble penetración.

– ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Me voy a venir! ¡Aaay que rico! ¡Que rico! ¡Aaajjj! – Mis pezones rositas se me endurecieron más y se me alargaron como montañitas.

Mis hombres comenzaron a trabajar más fuerte para mí, sentí que yo era suya y ellos míos, tanto haberles calentado la verga había valido la pena. Todo el dolor que sentí estaba siendo compensado con placer, de pronto sentí un calor delicioso en mi vientre, estaba teniendo un tremendo orgasmo; quedé rendida.

– ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Ay que rico! ¡Aaajjj! – El hombre que estaba debajo de mí penetrándome vaginalmente, me acariciaba los senos y pellizcaba los pezones. Y el albañil que estaba detrás de mi penetrándome analmente me abrazaba y metía su lengua en mi oído.

Yo estaba en clímax, mientras ellos continuaban cogiéndome muy duro hasta que sentí como comenzaron a dispararme chorros de semen caliente en mí vagina y en el ano, fue algo delicioso. Cuando sacaron sus vergas de mi interior sentí como si me faltara algo, tal como si me hubiesen quitado una golosina. Yo necesitaba que otras vergas me cogieran, quería volver a sentir esos chorros de semen dentro.

Mi ninfomanía me pedía más, tan solo tenía 21 años, me veía tan hermosa y cachonda pidiéndoles más a esos albañiles. Ellos se turnaron para satisfacerme durante horas, cambiándome de posiciones en la cama, llevándome contra el espejo grande que había en mi habitación para cogerme de pie, me hicieron cuanto quisieron, eyacularon en mi boca varios de ellos y yo me tragué hasta la última gota de su semen.

Cuando ya se habían cansado de penetrarme, habiéndome usado a su antojo, quise experimentar algo más que, ni si quiera con mi papá había intentado, ya que me daba un poco de vergüenza pedírselo aún. Estaba tan ebria que dejé salir por completo lo putita que soy, al fin que jamás volvería a ver a esos hombres. Así que tomé el lubricante femenino que había dejado en la cama.

– Don Felipe hay algo que tengo curiosidad de hacer, pero, me da vergüenza – Le dije con voz cachonda.

– ¿Por qué preciosa? ¿Qué es lo que quieres hacer? – Me preguntó mientras miraba mi cuerpo muy morbosamente.

– Es que he visto videos porno en internet y hay algo que se llama “fisting”, se trata de que usted meta dentro de mí, y me gustaría que me haga eso en el ano pero, si no quiere pues no – Le dije nerviosa y muriendo de vergüenza por lo puta y enferma que me sentí al pedir eso.

– ¡Sí! ¡Sí te lo hago! Ya lo he visto también y me han dado muchas ganas de hacerle eso a una mujer, pero pues no he tenido a una mujer con quien pueda hacer eso. Y si tu quieres pues lo intentamos. – Me contestó muy emocionado y con la cara roja de lujuria.

– Sí, hágalo por favor – Le contesté muy excitada- . Acérquese para ponerle lubricante en su mano

– A ver preciosa. – Él extendió su mano derecha y le apliqué lubricante en toda la mano que, por cierto, estaba sucia de cemento, lo que me excitó más.

– Tiene que estar muy lubricada para que no me lastime tanto y entre más fácil. – Le dije muy nerviosa y temerosa mientras observaba sus dedos toscos y gruesos.

– No te preocupes preciosa, lo voy a hacer con cuidado. Te voy a ir dedeando hasta que veamos que ya entra completamente y tú me vas diciendo.

Me incliné en la cama con mis senos bien pegados al colchón y la espalda curveada hacia abajo, dejando muy bien empinado mi culo y le pedí que metiera toda su mano hasta la muñeca dentro de mi ano. Entonces él comenzó a dedearme.

– A ver preciosa, te voy a meter tres dedos porque veo que ya los aguantas ¿verdad? – Me dijo mientras introducía sus tres dedos en mi ano- . Sí, preciosa te entran bien rico ¿verdad?

– Sí, ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! Se siente bien rico, a ver métame cuatro. – Fue algo muy lindo sentir los dedos de un hombre dentro de mi ano.

– Ya te están entrando, tienes mis cuatro dedos adentro ¿Como te sientes?

– Se siente muy rico, me duele un poquito ¡Aaajjj! ¡Aaay! Ya métame la mano completa, suavecito, con mucho cuidado.

– Ya está entrando mi mano, pero te siento muy apretada, tú me dices si te duele. – Yo sentí como mi ano se estaba desgarrando, jamás lo había sometido a tal estiramiento, sentía mucho ardor, como si se me fuera a reventar y me dio miedo, pero la excitación me rebasaba.

– ¡Aaay! ¡Aaajjj! ¡Me duele mucho! ¡Aaay! ¡Aaay! ¡Ya hágalo! ¡Más Fuerte! – Mi ano se estaba estirando, estaba abriéndose más y más. Me ardía alrededor del ano, pero era placentero.

– Te la voy a meter un poquito más fuerte. – Cuando dijo eso me sentí muy excitada y el deseo de sentir esa gruesa, sucia y tosca mano dentro de mí. Me hizo aventar mis nalgas, entregándoselas para que su mano entrara completamente hasta la muñeca.

– ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Aaay! ¡Me duele muchísimo! ¡Aaajjj! ¡Me duele! ¡Aaay!  – Sentí mi ano desgarrado y el culo muy abierto. Ya no pude contenerme y rompí en llanto, lágrimas negras y saladas escurrían el rímel de mis pestañas, rodando por mis mejillas.

– Ya te entró preciosa, tengo toda mi mano adentro de tu culito, se siente muy rico, está muy caliente. ¿Te duele mucho verdad? ¿Quieres que te la saque? – La mano de aquel hombre me tenía destrozada, sentí como mi ano intentaba contraerse y apretaba la mano del albañil.

– No, no me la saque, déjela un rato ahí adentro. Quiero disfrutarla, siento mucho dolor, pero es muy lindo, siento bonito.

– Está bien preciosa, entonces te la dejo adentro un rato. – Así la dejó durante 5 minutos.

Yo me sentía desbordando de lujuria y excitación, esa mezcla de dolor y placer, me hacía sentir plena. El saber que un hombre tenía su mano adentro de mi causándome tal sufrimiento, fue el alimento perfecto para mi masoquismo.

– A ver ahora intente cerrar su puño adentro de mí – Le pedí sabiendo que eso me dolería más- . ¡Aaajjj! ¡Aaajjj! ¡Me duele mucho! ¡Aaajjj! ¡Me gusta! Ahora, saque su mano con mucho cuidado por favor, muy suavemente.

Cuando Don Felipe, sacó su mano de mi culito por completo, todos pudieron ver como mi ano quedo abierto, mostrándoles a todos el interior de mi culito, como si pidiera más, eso me hizo sentir mucha vergüenza, ya que perdí la fuerza en el esfínter y se me quedó abierto durante algunos segundos. Le pedí a Don Felipe, que la volviera a meter, así lo hizo y comenzó a meter y sacar toda su mano con facilidad.

Después le pedí que sacara su mano y me penetrara con el puño cerrado en repetidas ocasiones. Cuando lo hizo sentí como mi ano se abría más por dentro provocándome un poco de dolor, pero era muy excitante saber que tenía esa mano tosca adentro de mí. Los demás albañiles al ver eso, se excitaron mucho y se peleaban por meter su mano también. Al verlos tan excitados y deseosos de meter su mano en mi culo, los fui llamando para ponerles lubricante y dejar que me hicieran “fisting”, así lo hicieron con el puño cerrado entrando y saliendo de mi ano durante media hora aproximadamente.

Después de haber recibido ese “fisting” delicioso, y teniendo los albañiles sus vergas muy erectas nuevamente por el efecto del viagra. Me recosté en la cama y les pedí que eyacularan sobre todo mi cuerpo, así que se masturbaron y me bañaron con chorros de semen. Me quedé rendida en la cama, no habíamos visto el reloj, ya era muy tarde casi las 7 de la noche, faltaba poco para que llegara mi mamá, así que los albañiles se bajaron para terminar de enjarrar la barda con cemento. Recogieron sus cosas justo cuando mi mamá iba llegando, le entregaron la obra bien hecha y se retiraron. Entre tanto, yo me bañé y me vestí con mi pijama. Cambie las sábanas pues estaban mojadas y olían a fluidos sexuales.

Cuando sentí que se me bajo un poco el efecto del alcohol, bajé a la cocina por algo de cenar, pues no había comido nada. Mis piernas estaban temblorosas, mi vagina sensible y mis ojos brillosos por el placer recibido. Saludé a mi mamá y me senté junto con ella, a ver la televisión con mi culo completamente roto.

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Un día se fue de vacaciones con la segunda por varios días sabiendo que ya le habían pedido la casa del centro por lo que había que buscar otra casa o departamento..


Le ayudé a mi cuñada a buscar otra casa y le ayudé con la mudanza. Terminamos muy tarde. No dió tiempo de armar las camas o de acomodar las cosas por lo que para dormir tendríamos una colchoneta y me dijo que me podía acostar a un lado..
Debo decir que yo tenía 17 años y ella 26 con una nena de 4 años.
En este lugar hace mucho calor.. Me puse un short y me acosté. Ella estaba con una bata sin brasier.
Acostados estuvimos comentando los planes del siguiente día; los pagos, la escuela, etc.
Se puso de lado dándome la espalda. Me pidió que intentáramos dormir.

Pero yo sentía algo que no me dejaba tranquilo, su cercanía, su olor, no sé.
Me acomodé junto a ella y me atreví a abrazarla. Ella tomó mis manos y me dijo que se sentía segura conmigo, se sentía protegida.
En eso se voltea y me abraza y me besó.
Entendí que necesitaba sexo, al igual que yo. Nos acariciamos, nos besamos y nos abrazamos aunque hacía calor.
Se quitó la bata y pude acariciar y chupar sus ricos pechos mientras me quitaba ella el short.
Quedamos desnudos completamente.

Cuando toqué su conchita estaba mojada y ansiosa de penetración. Ella boca arriba, abrió sus hermosas piernas y me jaló para montarla. Dudé en penetrarla pero ya no había tiempo de retractarme.
Mi pene estaba bien erecto. Así que la penetré sin problema. Yo sentía que podía eyacular en cualquier momento, pero me pidió que me tranquilizara, que me esperara. Después de un rato de estar metiendo y sacando, me pidió que me acostara boca arriba, que se iba a montar.

Sus hermosos pechos quedaron en mi cara. Los pude acariciar y los pude chupar mientras le agarraba sus sabrosas nalgas. Ella se movía encima de mi como desesperada. Después de un rato, le dije que iba a eyacular y ella me dijo que también iba a terminar. Terminamos juntos.
Descargué toda la leche en su vagina y ella me dijo que ya necesitaba algo así. Que lo había disfrutado. Yo le dije lo mismo.
A partir de esa noche, empezamos a tener sexo todos los días. Lo hacíamos a cualquier hora: antes de irme a estudiarr, llegaba a comer, pero antes, teníamos sexo; me iba a trabajar y al llegar, de nuevo sexo.
Los fines de semana, lo.haciamos casi toda la mañana y luego por la tarde y luego en las noches.
Así estuvimos disfrutando del sexo como dos meses hasta que un día llegó el que andaba ausente y se acabó la diversión.

Me enseñó muchas cosas: posiciones sexuales, cómo besar, cómo acariciarla, cómo moverme, cómo frotar su clítoris, el uso de la almohada, etc.
Y aunque han pasado varios años, y ya no la volví a ver, aún la recuerdo.

La Conductora de televisión

Una famosa conductora de televisión cuando aún no era muy conocida tuvo una aventura que nunca ha dado a conocer, pero yo aquí se las platico.Conocí a Silvia en una reunión en la cual estaban varias personas vinculadas al medio artístico y televisivo; yo estaba ahí solamente por casualidad, pues me había invitado un amigo que era el hijo de una actriz poco conocida pero que le encantaba ir a todas esas reuniones de su ambiente.

Esa noche Silvia llevaba un vestido largo negro que resaltaba su figura bastante bien formada. Su cara es redonda, tiene mejillas grandes lo que a veces hace creer que ella está pasada de peso, pero no es así; realmente siempre ha tenido un cuerpo muy bonito y eso fue lo que me llamó la atención de ella, así como su cabello negro a media espalda y sus ojos expresivos; sus blancos dientes resaltaban en su franca sonrisa; como aún no era muy conocida le pregunté a mi amigo quien era ella y él me dijo que era una aspirante a conductora y actriz que buscaba relacionarse para recibir una oportunidad; ahí fue donde vi mi oportunidad y poco después la abordé.

– Hola, me dijo ella con su sonrisa juvenil
– Hola, ¿cómo te llamas? Contesté.
– Silvia ¿ y tu?
– Yo soy Esteban Rizzo (no le iba a decir mi verdadero nombre ¿verdad?), productor y director y te he estado observando, necesito platicar contigo.
– Pues adelante me dijo ella.
– Pero aquí no, hay mucha gente, si quieres nos salimos al jardín o prefieres llamarme a mi oficina el lunes.
– No, no de una vez vamos, me dijo. (noté que estaba desesperada por conseguir algo).

Salimos al jardín y empezamos a caminar con una copa en la mano cada uno, a la luz de la luna la vi hermosa y continué con mi plan.

– Mira, tengo varios proyectos que ya presenté a la televisora y estoy esperando respuesta, uno de ellos ya casi está aprobado; pero los ejecutivos me piden que proponga a tres hombres y tres mujeres para que sean los conductores.
– Ajá ¿y de qué se trata el programa?, preguntó ella mostrando un falso interés.
– Es un programa matutino con variedades, invitados y secciones de cocina, productos de belleza y limpieza, es dirigido a las amas de casa; pero la empresa me pide alguien fresco y juvenil que no haya salido mucho en pantalla para darle un toque de frescura al programa; propuse ya a dos personas, pero uno de los ejecutivos me dijo que las consideraron muy grandes para el programa.
– ¿Y el hombre quién sería?
– Se está definiendo también, pero quieren un joven que no pase de los 25 o 26 años, ¿tu que tantas apariciones has tenido en TV?.
– Hasta la fecha no he hecho nada en televisión, ando buscando una oportunidad.
– Pues, yo te la puedo dar, le contesté.
– ¿De verdad?, me dijo emocionada.
– Si, así es, si yo te recomiendo es seguro que entras al programa y a la televisión con el pié derecho ¿cómo ves?.
– ¡Gracias! Me dijo emocionada y me dio un beso en la mejilla
– Espera, le dije, no se si sepas, pero para entrar a la televisión hay que pagar un precio…
– ¡El que sea!, me contestó ella sin pensar.
– Es un precio alto, ¿qué estarías dispuesta a hacer?
– ¡lo que sea, no me importa con tal de entrar! (Era notoria su desesperación).

Para ese momento, ya habíamos caminado bastante por el amplio jardín de la residencia y nos encontrábamos algo alejados de la casa principal, de hecho ya no se escuchaba los murmullos de la fiesta; llegamos a una zona donde había unas esculturas muy padres y un pequeño monumento muy bonito también, nos sentamos en una banca de cemento adornada.

Pensé en citarla al día siguiente en mi oficina o en un restaurante, pero me di cuenta que ella podría indagar quien era yo realmente y se me caería el teatrito, así que decidí mejor aventarme de una vez en ese momento.

– Bueno, ya que estás consciente y dispuesta a todo, empieza a desvestirte.
– ¿Eh?… ¿cómo?…
– Pues, tu dijiste que estabas dispuesta a todo.
– Pe…pero… yo… no, esteee, no creí.
– Bueno, bueno, si no quieres no hay problema, pero entonces ya no me hagas perder el tiempo, iré a buscar a alguien más.
Me levanté e hice como que regresaba a la casa, pero ella me detuvo.

– No, no espera, pero, ¿es necesario?
– Oh niña, ya no me estés molestando, para salir en televisión tienes que hacer muchos sacrificios y este es el primero, o que, ¿acaso crees que los famosos lo hicieron solo por su ??talento?, además, yo veo precisamente que no tienes ningún talento.
– Si lo tengo, alegó.
– Pues demuéstralo, haz lo que te ordena el director y productor que soy yo.
– Está bien, lo haré, pero nadie debe enterarse.
– ¡Claro que no!, imagínate si la gente común se enterara lo que hacen sus ídolos, ten por seguro que yo no diré nada.

Silvia se levantó y se colocó de espaldas a mí. Me dijo que tendría que ayudarla, pues el cierre del vestido estaba atrás; yo con gusto me acerqué y bajé el cierre, ella despacio se quitó los tirantes del vestido y pude apreciar sus hermosos hombros desnudos; besé su cuello y sus hombros, la sentí tensa, pero tuvo que aguantar pues creía lo que yo le había dicho.

El vestido resbaló por su cuerpo y quedó en el piso, le desabroché el sostén desde atrás y también lo dejé caer, toqué sus pechos redondos y firmes, imagino que ella tenía los ojos cerrados y sentí su respiración junto a mi oído.

Quítate todo, le susurré y ella se sentó para quitarse los zapatos y las medias, dudó en quitarse la pantaleta, pero al final lo hizo, pues mi mirada se lo ordenaba.

La vi desnuda, que monumento de mujer, siempre había querido cogerme a una estrella de la televisión, ella todavía no lo era, pero decidí imaginar que sí.

Me desnudé frente a ella, abrió los ojos desmesuradamente al ver mi pene; por un momento parecía que se iba a arrepentir, por lo que me arrodillé, la hice abrir las piernas y vi su mata de vello en la entrada al paraíso, metí mi cabeza entre sus piernas y con mi lengua empecé a jugar con su clítoris; la sentí nerviosa, le susurré: cálmate, nada malo va a pasar, lo vas a disfrutar; levanté la mirada y la vi con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, como que empezaba a gozar con las caricias de mi lengua, la escuché gemir un poco y regresé a mi labor; poco después sentí como sus manos acariciaban mi cabello; mientras las mías recorrían sus piernas hasta sus nalgas y luego subían hasta llegar a sus senos, tocando sus pezones erectos.

Está por demás decir que mi pene estaba súper erecto, a punto de explotar, pero decidí que a esa hembrita tenía que gozarla con calma; así que la recosté en la banca de cemento y me dediqué a besar su cuerpo, subí desde su monte de venus por su vientre y estómago y llegué hasta sus pechos, saboreé sus pezones como si fueran un rico dulce mientras mi dedo jugaba con su chochito, Silvia estaba abandonada en franca entrega, así que pude hacer y deshacer a mi antojo sin ninguna resistencia de su parte, más bien ya sentía cooperación de su parte; la brisa fresca nos ayudaba a no sentir tanto calor de nuestros cuerpos, llegué a su boca y sentí sus suaves labios besando los míos, metí mi lengua en su boca mientras mis manos seguían recorriendo desde sus pechos hasta la entrepierna, metiendo un dedo en su vagina lubricada.

Me subí a la banca de cemento de manera inversa, es decir con mi cabeza hacia su chochito y mi pene lo coloqué en su boca; ella entendió de inmediato y empezó a mamar, mientras yo le chupaba el clítoris y la vagina. Me dio una chupada tan rica que creí que iba a estallar en su boca, por lo que mejor me detuve para continuar con lo mejor.

Llegó el momento decisivo y me subí también a la banca de cemento, esta vez de frente; me coloqué en medio de sus piernas, ella las abrió sin chistar; sin dejar de besarla, empecé la penetración despacio; ella gimió de placer; mi pene entró totalmente en su vagina y empezamos a movernos al mismo ritmo, ella gemía como loca, incluso temí que nos descubrieran, afortunadamente estábamos muy lejos y nadie nos oyó, bueno, eso creo.

Los pechos de Silvia se bamboleaban al ritmo que se movía ella y de repente soltó un fuerte grito de placer, me di cuenta como llegó al orgasmo porque su vagina apretaba con tal fuerza mi pene que creí que me lo arrancaría, pero el placer que me proporcionó fue tan inmenso que hizo que me viniera también, derramando toda mi leche dentro de ella; terminamos rendidos y abrazados.

Nos levantamos despacio y Silvia me preguntó que cuando me iría a ver; yo le contesté que le llamaría por teléfono en la siguiente semana para decirle donde y a que hora tenia que presentarse para que convenciéramos a los productores. Nos vestimos y arreglamos y la llevé a su casa.

Ahora Silvia conduce un programa los fines de semana junto con un tipo bastante estúpido, creo que se como logró llegar ahí.

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Bueno este relato me ocurrió con mi mejor amiga trataré de decir nuestras características físicas de los dos; Yo soy Pablo tengo 19 años y soy de cabello negro, ojos café claro, alto y con buen cuerpo para mi edad y mi amiga Paulina es de 19 años culo normal, tetas enormes, naturales, cabello castaño, ojos grandes y de color miel.


Bueno todo comenzó porque el novio de Paulina la había terminado y ella estaba triste y desconsolada, ella me contó que me tenía mucha confianza por ser hombre ya que yo no soy hipócrita ni habló mal de nadie y soy el amigo perfecto, siempre que platicabamos ella ponía su mano en mi pierna siempre no había dia en donde no lo hiciera y claramente despertaba un poco mi amigote.


Ese día me llegó un mensaje por Whatsaap de ella que me tenía que ver y era muy urgente, el caso fue que llegué  su casa y no había nadie y me pareció extraño ya que siempre estaba la cachonda divorciada de su madre o la caliente de su hermana que una vez me agarró el paquete, bueno llegué y ella me estaba esperando en la cocina, llegué me recibió de abrazo y un beso en la mejilla y noté que me arrimo mucho su cuerpo a mi paquete intenté que no se me parará mucho, me sente en una de las sillas de su comedor y me ofreció vodka a lo cual accedí, note que ella había tomado muchísimo, me empezo a contar que se había masturbado y estaba muy caliente y que necesitaba alguien que le bajará la calentura, yo sólo miré mi paquete por un insatante y se estaba comenzando a tener una erección de las buenas.

Paulina ya sabía lo que quería hacer y lo hiba a lograr se paro de la silla y se quito su blusa quedándose en brasier me hizo una señal muy sensual diciendome sigueme a lo cual accedí, el recorrido de el comedor a su cuarto no era largo solo tenia que subir unas escaleras y llegaba a a su cuarto en el lo que subia las escaleras veia toda su ropa tirada, al llegar a su cuarto solo abri la puerta y me encontre a esa mujer tan bella que conozco desnuda con esa vagina bien depilada, no reflexione mucho tiempo sabia que mi mejor amiga queria sexo.


Rapidamente me acerque a ella y la empeze a besar al mismo tiempo quw tocaba au hermosos y grandes pechos era como una fantasia echa realidad, me empezo a quitar poco a poco mi ropa empezando por mi camisa y pantalon hasta dejarme en calzones como ella lo habia deseado empezo a frotar mi paquete lentamente y con pequeños apretujones para sentir mi ereccion, sentia que mi amigote estaba cada vez mas y mas erecta estaba muy caliente ya por lo que empeze a chupar los pechos de Paulina hasta que estubieran bien duros, sentia como estaba tan excitada que se empezo a mojar y en exceso por lo que empeze a mamamrle ese rico coño que tiene meti mi lengua y a la vez frotaba su clítoris notaba como se movía de exitamiento varias veces probé sus deliciosos flujos de su coño, gemia como si fuera la primera vez que le hicieran un oral pero yo soy experto en comer coños.


Paulina de un movimiento se levantó y dijo ahora es mi turno guapo con una mirada provocativa, bajo sus manos por mi cuerpo acariciandolo con sauavidad y ternura a la vez llegó a mi verga que estaba muy paradota y me dijo: ¡Pfffff! Ninguno de mis novios tiene una verga así de larga gruesa y cabezona a lo que yo sólo di unas pequeñas risas hizo una ultima pregunta:

¿Cuanto mide esa verga Pablo?; Solamente le dije 22cm y agarré su cabeza y la hize que se tragara mi verga, empezó a usar su lengua lo cual me excito mucho y sentía que la erección crecía cada vez más y más; empezó a comerse toda mi verga y sentía como tocaba su garganta profunda.


Después la tomé de su culo y la cargué empeze  rozar mi pene con su vagina hasta que sentí que la debía de penetrar cuando entró mi verga grito mucho y era normal porque semejante verga la estaba penetrando, hicimos varias posiciones ella me rssguñaba toda la espalda y yo se la metía con más fuerza duramos como 20min cogiendo no se me olvida el sonido de sus nalgas rebotando con mi verga, después de un rato me hizo una paja cubana con sus tetas que por cierto estaban bien duras, la recoste en la cama y se volví a meter hasta que los dos nos vinimos sentía como mi pene derramaba toda su leche en su dilatada vagina y a la vez se humedecia mi pene.


Terminando de coger sólo estaba tocando sus tetas y rozando mi pene con su vagina, bajo y me hizo una mamada para chupar hasta la última gota de leche que tenía, lentamente se puso su ropa y sentía que aún me provocaba el sexo le había encantado. Una hora después los dos nos cambiamos comimos algo y después me dijo que me esperaba mañana para otro round a lo que sólo sonreí y acepté con la cabeza. Me dirigí a mi casa me di una ducha y me recoste en mi cama a esperar que el dia pasara…