Mi cuñada y yo

Hola. Mi nombre es Pablo. Está historia sucedió hace unos años en Tampico, México.
Para estudiar la normal, tuve que ir a vivir a esa ciudad. Mi hermano tenía dos hogares, es decir, dos mujeres. Llegué a la casa que rentaban en una colonia cerca del centro.. La otra mujer le rentaba casa por el aeropuerto, distante del centro.. Él mismo me decía que ya no quería estar con la primera, que estaba buscando la forma de estar menos tiempo con ella, que prefería a la segunda.
Un día se fue de vacaciones con la segunda por varios días sabiendo que ya le habían pedido la casa del centro por lo que había que buscar otra casa o departamento..


Le ayudé a mi cuñada a buscar otra casa y le ayudé con la mudanza. Terminamos muy tarde. No dió tiempo de armar las camas o de acomodar las cosas por lo que para dormir tendríamos una colchoneta y me dijo que me podía acostar a un lado..
Debo decir que yo tenía 17 años y ella 26 con una nena de 4 años.
En este lugar hace mucho calor.. Me puse un short y me acosté. Ella estaba con una bata sin brasier.
Acostados estuvimos comentando los planes del siguiente día; los pagos, la escuela, etc.
Se puso de lado dándome la espalda. Me pidió que intentáramos dormir.

Pero yo sentía algo que no me dejaba tranquilo, su cercanía, su olor, no sé.
Me acomodé junto a ella y me atreví a abrazarla. Ella tomó mis manos y me dijo que se sentía segura conmigo, se sentía protegida.
En eso se voltea y me abraza y me besó.
Entendí que necesitaba sexo, al igual que yo. Nos acariciamos, nos besamos y nos abrazamos aunque hacía calor.
Se quitó la bata y pude acariciar y chupar sus ricos pechos mientras me quitaba ella el short.
Quedamos desnudos completamente.

Cuando toqué su conchita estaba mojada y ansiosa de penetración. Ella boca arriba, abrió sus hermosas piernas y me jaló para montarla. Dudé en penetrarla pero ya no había tiempo de retractarme.
Mi pene estaba bien erecto. Así que la penetré sin problema. Yo sentía que podía eyacular en cualquier momento, pero me pidió que me tranquilizara, que me esperara. Después de un rato de estar metiendo y sacando, me pidió que me acostara boca arriba, que se iba a montar.

Sus hermosos pechos quedaron en mi cara. Los pude acariciar y los pude chupar mientras le agarraba sus sabrosas nalgas. Ella se movía encima de mi como desesperada. Después de un rato, le dije que iba a eyacular y ella me dijo que también iba a terminar. Terminamos juntos.
Descargué toda la leche en su vagina y ella me dijo que ya necesitaba algo así. Que lo había disfrutado. Yo le dije lo mismo.
A partir de esa noche, empezamos a tener sexo todos los días. Lo hacíamos a cualquier hora: antes de irme a estudiarr, llegaba a comer, pero antes, teníamos sexo; me iba a trabajar y al llegar, de nuevo sexo.
Los fines de semana, lo.haciamos casi toda la mañana y luego por la tarde y luego en las noches.
Así estuvimos disfrutando del sexo como dos meses hasta que un día llegó el que andaba ausente y se acabó la diversión.

Me enseñó muchas cosas: posiciones sexuales, cómo besar, cómo acariciarla, cómo moverme, cómo frotar su clítoris, el uso de la almohada, etc.
Y aunque han pasado varios años, y ya no la volví a ver, aún la recuerdo.

He visto a mi hermana masturbarse

En un día normal, ella se mantenía en su cuarto y yo en el mío. Siempre que nuestros padres trabajaban, cada uno intentaba mantenerse lo más alejado del otro —dentro de las restricciones que da el vivir en el mismo hogar–. Mi hermana y yo nos llevamos solo dos años de diferencia: ella es la mayor y parecía que me odiaba. Al menos hasta ese día.

Yo llegue del colegio y no pasé por la cocina buscando comida, fui directo a mi cuarto. Ella ya había llegado antes, lo supe porque escuche la música en volumen alto que tenía en su alcoba. Subí a la mía y me acosté en mi cama, apenas me quite los zapatos antes de ponerme a jugar con mi móvil. Creo que pasaron unos minutos cuando siento unos ruidos raros, como de dolor.

Aunque tenía el volumen de mi móvil muy alto y el sonido del videojuego no me dejaba escuchar más nada, de cuando en cuando, se podía oír el mismo sonido de gemido. Era una chica, sin duda, pero podría ser una película u otra cosa. Lo cierto fue que no merecía mi atención hasta que pasados unos minutos, pude oír uno que —por lo intenso y claro— me hizo dar cuenta que era mi hermana.

Mi primera sensación fue miedo –nunca nos llevamos bien y no hacíamos más que pelear constantemente–, sin embargo eso no quería decir que no pudiese sentir amor por ella: siendo mi hermana y mi familia, tenía que sentirlo, por eso me preocupó que estuviera lastimada o que le hubiese pasado algo malo. Sin apagar el videojuego, solté mi móvil y me levanté de la cama.

Camine por el pasillo un poco asustado y con nervios, me acerque a su puerta y lentamente me quedé parado de un lado. No quería que me gritara nuevamente por meterme en su alcoba, solo quería saber que no le pasaba nada malo y por eso evite llamarla o algo para hacerme notar. La música no me dejaba escuchar mucho, pero sí podía sentir que se estaba moviendo en su cama.

Lo que hizo que mi miedo se fuera rápidamente y la calma ya empezaba a recorrer mi cuerpo, solo que ahora la curiosidad se apoderaba de mí. Quería asomarme y ver que hacía –no quería que notara mi presencia–, entonces con un poco sigilo y aguantando la respiración, me muevo hacia la rendija de la puerta que estaba entreabierta y me pongo a mirar.

Al principio me costó entender: es mi hermana, es lo menos que esperar ver. Ya luego me di cuenta que la única razón de estar con las piernas abiertas y moviendo su mano mientras gemía, era que se estuviese masturbando. Y ahí estaba, apretando una de sus tetas con una mano, y la otra la usaba para frotar su coño. Yo estaba a sus espaldas mirando como la molestosa de mi hermana, se convertía en una gatita cachonda suspirando de placer. Parecía otra persona completamente diferente.

Más por curiosidad que por morbo me quedé mirando un buen rato, no quería que notara mi presencia, habría sido muy incómodo para los dos. Incluso, jamás antes había contado esto a nadie más, se puede decir que es la primera vez que logro sacarlo, pensaba llevármelo a la tumba.

Luego de unos minutos de mirar cómo se masturbaba, decidí que era momento de salir de la alcoba de la misma forma que entre. Suavemente y en cuclillas me fui a mi alcoba y al entrar, cerré la puerta. Esa misma noche estuve pensando mucho en eso. Su rostro estaba muy sonrojado, sus mejillas se veían muy bonitas y jamás la había visto de eso forma.

Es como enterarte que la chica que ha crecido contigo, puede ser atractiva para ti, aunque ella toda su vida haya intentado ser lo contrario. Sin embargo, ver a una mujer sintiendo placer, cambia todas las cosas que habías podido saber sobre ella. Al menos eso me pasó a mí. Admito que me excite; pensando en ella me masturbe y me dormí. Hoy, luego de cuatro años, aun pienso en eso y todavía, una que otra vez, me puedo tocar pensando en eso.

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